sábado, 27 de abril de 2019

ECO.46 DEPENDE DE TU MIRADA

DEPENDE DE TU MIRADA, por Nuria Llerena



El invierno nos regala un tiempo de quietud para reencontrarnos con nosotros mismos. Al igual que la semilla que espera aletargada a que llegue la primavera, nuestro ser se encuentra con la paz del invierno y si somos capaces de ver y sentir toda su belleza, disfrutaremos de él.

Todo en el universo es cíclico; nosotros, también; y como a cualquier ser vivo nos influyen los cambios de estación. Es bueno comprender que no podemos tener la misma alegría en verano o en primavera, cuando todo está brotando y la vida vibra con mayor pasión en nuestro ser, “la primavera la sangre altera”, que en otoño o invierno, tiempo que nos invita al recogimiento, a disfrutar del fuego de la chimenea, de la manta y un buen libro… Sin embargo, en el otoño y en el invierno llega el milagro de la lluvia. Vivimos en un entorno privilegiado en el que la poca agua que cae hace que brote la vida allá por donde vamos. Si nos paramos a observar, nuestro pequeño rincón se ha tapizado de verde. La tierra es tan agradecida que de ella nacen las plantas en este tiempo de invierno, como si fuera primavera. Es verdad que esta época a veces es incómoda: hace frío, llueve, hay viento; pero todo es necesario para que el ciclo de la vida continúe. Y todos estos cambios de estación también nos ayudan a darnos cuenta de que todo en la vida son experiencias y oportunidades y, dependiendo de cómo las vivamos, hará que nuestra vida sea un infierno o un paraíso.

Estaría bien ser conscientes de que cada vez que abrimos los ojos se nos da la oportunidad de vivir nuestro día de una forma determinada: podemos centrarnos en todo lo que nos falta o fijar nuestra atención en lo que somos y en lo que podemos disfrutar. Cada suceso en la vida nos habla y cuando somos capaces de recapitular y miramos hacia atrás, nos damos cuenta que nada ha sido por casualidad; incluso acontecimientos que en su día nos parecieron horribles y nos generaron estrés o dolor, vistos con perspectiva, nos hacen comprender que gracias a aquello hoy estamos aquí; pero para eso, para llegar a esa conclusión, todo depende de tu mirada. Todos conocemos personas que viven en la queja porque hagan lo que hagan, tengan lo que tengan nunca es suficiente. Todos conocemos personas que son más optimistas y que buscan la parte favorable en todo lo que acontece en su vida. Fíjate en uno y en otro y piensa a quién quieres parecerte. Es cierto que la vida a veces nos da buenos empujones; pero, como dice un proverbio Chino, si el problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no tiene solución ¿por qué te preocupas? ...” Y es cierto, muchas veces nuestras cabezas se enzarzan en una lucha sin tregua que no va a ningún sitio. La vida nos va poniendo delante las experiencias que necesitamos para evolucionar y, en ocasiones, lo único que podemos hacer es aceptar. Aceptar no es sinónimo de resignación ni de tirar la toalla. En la aceptación está la semilla de la paz, de la tranquilidad que muchas veces necesitamos para resolver un problema. Cuando aceptamos que algo es así o alguien es así, llega la tranquilidad, podemos respirar hondo y relajarnos, porque tenemos la confianza de que es como debe ser. El universo no hace las cosas por casualidad; todo tiene un sentido y aunque a veces no seamos conscientes, en ese momento, de lo que hemos de aprender, con el tiempo todo se colocará y cuando miremos hacia atrás podremos comprender.

Todo pasa, lo “bueno” y lo “malo”, aunque en realidad no hay bueno ni malo, solamente la forma en la que nosotros decidamos mirarlo.

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