miércoles, 12 de abril de 2017

ECO 34. LA LOTERÍA Y LA GLOBALIZACIÓN.



LA LOTERÍA Y LA GLOBALIZACIÓN, por F. Ramos.



Estas navidades, como todos los años, el día 22 de diciembre se ha celebrado el Sorteo de Navidad de la Lotería Nacional, y como siempre despierta esperanza, ilusión, alegría,…, quizás estas emociones que se han arraigado a lo largo del tiempo hayan sido producto de las expectativas de alcanzar sus sueños que siempre se han creado a los más pobres, o sea, obtener algunos privilegios de los que disfrutan los ricos habitualmente.



En ese sentido, deciros que, aún hay personas y no pocas, que ese día lo consideran un día festivo y que tras el desayuno y alguna que otra tarea doméstica, se sitúan en la mesa camilla, delante del televisor, y escucha uno tras otro todos los números que los niños del colegio de San Idelfonso van cantando, mientras mira los décimos de lotería que tiene depositados sobre la mesa, aunque se los sepa de memoria. Otras, se van a la peña o el bar, hoy ya no hay bares, hoy son cafeterías, cervecerías, …mientras se toman un café y una copa o dos, porque el sorteo da para más de una, esperan pacientemente que los “niños” canten el número que ellos llevan, para poder compartir con los parroquianos algún éxito que enjugue los desazones de la vida.



Estas vivencias individuales, llegan a su máxima eclosión cuando salen los premios y los premiados y allegados salen a la calle a comunicar su “nueva buena” para reconocimiento del sueño colectivo. Imágenes que se difunden a todas partes y que nos alegran a todos, premiados y no premiados, porque nos queda la esperanza de ser agraciados en otra ocasión.



Este año, mientras escuchaba el sorteo, me llamó la atención de que cuando salían los premios, la mayoría, estaban muy repartidos, algunos hasta en 100 localidades. Este hecho me hizo investigar y descubrí que en alguna localidad que había tocado 1 ó 2 décimos del número agraciado, la mostraban como inundada por la suerte, cuando realmente la suerte la tenía la persona que había accedido al número en cuestión por la compra por internet.



En tiempos no muy lejanos, la lotería, bajo mi punto de vista, tenía un fin social, dado que en la localidad donde caía el gordo u otros premios, era una zona donde los habitantes en mayor o menor número se beneficiaban del mismo y la inyección de millones de las antiguas pesetas que entraban en la localidad hacia que la economía se reactivara y se beneficiaran todos los vecinos, tanto agraciados o no, con la creación de nuevos puestos de trabajo, la ubicación de nuevas sucursales de entidades bancarias, de concesionarios de coches, empresas de servicios, etc.



Una costumbre muy nuestra era, espero que siga siendo, decirle a un amigo o familiar, si nos enterábamos que iba a ir a una ciudad a la que considerábamos afortunada, que nos trajese un décimo de lotería. Esta costumbre estaba tan arraigada que, cuando viajábamos, le preguntábamos a los amigos si querían lotería de tal o cual lugar o, es más, le regalábamos o compartíamos un décimo de lotería a la vuelta. Esta costumbre, además de mantener vínculos entre las personas, manifestaba una predisposición a querer solucionar problemas o dar alegrías a las personas con las que nos relacionamos.



La forma de adquirir un décimo de lotería ha cambiado ahora lo adquieres por internet, esté en la administración que esté, desde cualquier punto del planeta Tierra. Esta forma tan fácil de adquirirlo ha abaratado el coste individual de la adquisición, tanto en tiempo como en gastos de transporte, a cambio se ha perdido el anonimato y, lo más importante para mí, la trazabilidad del décimo, entendiendo por esto a la persona movilizada para adquirirlo, el conocimiento de otro lugar, el posible consumo de un café en esa localidad,…., la experiencia vivida.



Hoy día con esto de la globalización, con las nuevas vías de comercialización y las nuevas formas de relacionarse entre las personas, ha hecho que la Lotería de Navidad, aunque se quiera mantener esa aureola de que es la lotería de la ilusión de los pobres, pierda su función social.

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