lunes, 22 de enero de 2024

ECO.76 Las monedas falsas

Las monedas falsas, por Ricardo Márquez

Acodados en la barra de un ruidoso bar español, fue donde Fernando me contó sus primeros tiempos en Madrid mientras consumíamos cerveza y tabaco.

Cuando la distancia hacía más pesada la soledad, sin dinero ni trabajo, el deterioro de la relación con su ya ex-amigo que le daba alojamiento, hicieron trizas la ilusión con que había llegado al aeropuerto de Barajas, poco tiempo antes.

Momento indicado para poner a prueba el andamiaje moral que nos rige.

Mi amigo Fernando en ese momento tuvo la idea de fabricar dinero; cortaba tubos de plomo utilizados anteriormente en la conducción de agua, los aplanaba y luego poniendo una moneda de 25 pesetas encima la golpeaba con un martillo y quedaba estampada esa cara de la moneda; repetía el procedimiento en la otra cara y terminaba el proceso recortando el plomo sobrante.

Esas monedas falsas no las reconocían las maquinas “tragaperras” con las que se podía jugar o solicitar cambio.

Una noche jugó unas monedas de fabricación casera sin éxito y se quedó terminando la cerveza en el mostrador dejando que el tiempo se escurriera, cuando un parroquiano que estaba jugando en la máquina tragaperras y ésta le había escupido unas monedas, dijo:

- “Mira esta moneda”, mostrando una plúmbea reproducción de mi amigo.

- “A ver”, dijo el dueño del bar ejerciendo el voto de calidad que le concedía la propiedad...

- “Ésta es una moneda mal acuñada, debe valer un platal”.

- “Será mala la cuñada, pero es mía”, contestó el parroquiano reclamando la moneda.

 

Todos se arrimaron a ver la extraña moneda incluido mi amigo el falsificador, que una vez acabada la cerveza se marchó dejando al corro de parroquianos en discusión encendida acerca de las cosas increíbles que se ven en la vida.



 

ECO.76 Cambio Climático. La Huella de Carbono (II)

Cambio Climático. La Huella de Carbono  (II), según BingCHAT

 

La huella de carbono se refiere a la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) liberados a la atmósfera debido a las actividades humanas, como la producción y el consumo de bienes y servicios. Estos GEI contribuyen al calentamiento global y al cambio climático. Aquí tienes más detalles:

 

Definición de la huella de carbono:

Representa las emisiones de GEI generadas por actividades humanas.

Es una herramienta crucial para cuantificar los GEI en la atmósfera.

Estos gases atrapan el calor solar, aumentando la temperatura de la Tierra.

 

Diferencia entre huella de carbono y huella ecológica:

La huella de carbono se centra en las emisiones de GEI.

La huella ecológica evalúa el uso de recursos naturales por parte de los humanos.

 

Cómo calcular la huella de carbono:

Evalúa las emisiones de GEI en actividades como transporte, energía, alimentación y consumo.

Puedes usar herramientas en línea o consultar a expertos.

 

Cómo reducir la huella de carbono:

Minimiza y recicla desperdicios.

Usa bolsas reutilizables al hacer compras.

Composta la basura orgánica.

Compra productos locales y orgánicos.

Aísla tu casa para una climatización eficiente.

 

Reducir nuestra huella de carbono es vital para frenar el cambio climático. ¡Cada pequeña acción cuenta!

 

¿Cómo puedo reducir MI HUELLA DE CARBONO?

Aquí tienes algunas acciones prácticas que puedes tomar para disminuir tu impacto ambiental:

 

Transporte sostenible:

Opta por caminar, andar en bicicleta o usar el transporte público en lugar de conducir solo.

Si necesitas un automóvil, considera uno eléctrico o híbrido.

 

Eficiencia energética:

Apaga luces y dispositivos electrónicos cuando no los uses.

Cambia a bombillas LED y ajusta la temperatura de tu hogar para ahorrar energía.

 

Alimentación consciente:

Reduce el consumo de carne y lácteos, ya que su producción genera altas emisiones de GEI.

Compra alimentos locales y de temporada para reducir la huella de transporte.

 

Reduce, reutiliza y recicla:

Minimiza el desperdicio de alimentos y evita productos de un solo uso.

Recicla papel, vidrio y plástico correctamente.

 

Conserva agua:

Repara fugas y utiliza electrodomésticos eficientes en el uso del agua.

Consume agua de manera responsable.

 

Apoya energías limpias:

Investiga opciones de energía renovable para tu hogar.

Considera instalar paneles solares o participar en programas de energía verde.

 

Compra de manera consciente:

Elige productos con menor huella de carbono.

Investiga las prácticas de las empresas antes de comprar.

 

Planta árboles:

Los árboles absorben CO₂ y ayudan a compensar las emisiones.

Únete a proyectos de reforestación o planta árboles en tu comunidad.

 

Recuerda que cada pequeña acción suma. ¡Juntos podemos marcar la diferencia!



ECO.76 La Amnistía

La Amnistía, por A. Fernández García


(ATENAS año 403 a.C.)

La polis griega fue escenario de la reconciliación colectiva más importante de la antigüedad, pero no eximió a los responsables directos de los desmanes”.

La amnistía de 403 llegó tras un año de conflicto civil en Atenas. Tras la calamitosa guerra del Peloponeso, que había durado treinta años, y había dejado exánime la ciudad, evidenciando los fallos de su sistema democrático. Las tensiones entre oligarcas y demócratas afloraron entonces de la peor manera —matanzas, confiscaciones, exilios— hasta la restauración de la democracia, gracias a la resistencia encabezada por Trasíbulo. Este derrotó a los oligarcas en la batalla de Muniquia —donde muere Critias, líder de los Treinta y tío de Platón— y consiguió acordar con los espartanos el retorno de la democracia. Se envía entonces a los oligarcas recalcitrantes al exilio en Eleusis y, en la ciudad, se aboga por una amnistía pionera en la historia de Occidente.

Pero, ¿qué se perdonaba exactamente? Se trataba de reconciliar a los ciudadanos tratando de «no recordar el mal» (me mnesikakein), es decir, los delitos generales cometidos durante los días de ruido y furia de la Tiranía, que había animado a parte de la población a cargar contra la otra, con todo el sistema constitucional trastocado. Se llegó a «ese mutuo reconocimiento del mal causado entre dos partes, ofensora y ofendida, con una reconciliación sin contraprestaciones».

Para entender cómo se ejecutó realmente hay testimonios de excepción. Es decir, que el perdón general tuvo claras excepciones, procesos contra los cabecillas.”

 

En España en octubre de 1977 el Gobierno promulgó una ley de Amnistía que afectó a todos los presos con delitos y faltas cometidos con anterioridad a la promulgación de la ley. Aquella Ley de Amnistía fue aprobada en las Cortes con el voto favorable de todos los diputados, excepto los de Alianza Popular y Euskadiko Ezkerra.

Durante la presidencia de Felipe González hubo dos amnistías, la de 1984 y la de 1991.

En 2012 Mariano Rajoy concedió una amnistía fiscal.

Por su parte, el expresidente del Partido Popular, José María Aznar, llegó a conceder 5.948 indultos –cuatro más que Felipe González– entre los años 1996 y 2004, llegando a ser el dirigente que más indultos firmó en sus años de mandato, con más de 700 al año. Además, el Ejecutivo de Aznar también ha sido el que más indultos ha dado a condenados por corrupción, llegando a los 139, doblando los de las legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero”.

 

La amnistía no está contemplada en la Constitución. Por ello, es muy aventurado juzgar si es constitucional o no lo es. Esa función corresponde al Tribunal Constitucional una vez que el poder legislativo le ha dado de paso. No dejo de sentir preocupación que los líderes políticos hagan de jueces y más aún que los jueces hagan política, lo que es impropio de la dignidad de su cargo, que debe de estar por encima de su ideología personal.

Amnistía es un olvido, yo diría un borrado y como cristiano un perdón. El Gobierno del Estado olvida y perdona su sedición. Ustedes, los procesados, olvidan y perdonan los abusos y la presión de aquél. Aquel debe comprometerse a no repetir ningún exceso; ustedes deben comprometerse a no repetir las acciones de sedición, aunque sigan deseando la independencia y lo digan público, tal como cabe en la libertad de expresión. Eso mismo o similar es lo que tienen que hacer ustedes con los que se sienten igualmente catalanes y españoles, con los que no siempre han ejercido la debida tolerancia. 

Aparte de esto, la aplicación de la supuesta amnistía no puede llegar de igual manera a quienes afrontaron un juicio y un tiempo de prisión que los han huido de ello. Es comparativamente muy injusto. Algo debe haber por el medio, que al no ser jurista no me aventuro a decir.

No son pocos los que, airados e indignados, políticos, jueces, particulares… que repiten día a día conceder amnistía a los implicados en el procés. Admitiendo que pueda ser injusto comparativamente, porque es incomparablemente más grave, me gustaría que esta actitud la mantuvieran, semana tras semana, con las condenas de los autores de violencia sobre las mujeres, que a los pocos años se les concede la libertad, sin prever que no pocos de ellos son reincidentes.  Considero con dolor que esto en la actualidad es la mayor desgracia en nuestro país, incomparablemente más grave que lo anterior.

Por eso, ruego que no hagamos tanto ruido por algunas cosas y nos rasguemos las vestiduras y mostremos tan poca sensibilidad por otras. Se trata de la vida de las personas. ¿No es eso lo más importante?



ECO.76 Lírica de la Hispania Mozárabe

Lírica de la Hispania Mozárabe, por Antonio Fernández García

 

Venid la pasca, ay, aún

sin ellu,

Laçrandu meu corayún

por ellu.

Viene la pascua, ay, aún

sin él

Lacerando mi corazón

por él

 

¿Qué faré yo qué serad de mibi?

¡Habibi,

non te tolgas de mibi!

¿Qué haré yo o qué será mí?

¡Amigo,

no te apartes de mí!

 

Garid vos, ay yermanelas,

¿com’ contener é meu mali?

Sin en habid non vivreyu

de volarei demandari.

Decidme, hermanitas,

¿cómo contener mi mal?

Sin el amado no viviré

y volaré a buscarlo.

 

Vayse meu corachón de mib.

¿ya, Rab, si se me tornarád?

¡Tan mal meu doler li-l-habib.

Enfermo yed. ¿Cuándo sanarad?

Mi corazón se me va de mí.

Oh, Dios, ¿acaso se me tornará?

Tan malo mi dolor por el amado.

Enfermo está. ¿Cuándo sanará?

 

Estas estrofas son fragmentos de las jarchas compuestas en hispanohebreo, siglo XII, por Judá ha-Levi (o Yehudá ha-Leví) [ca. 1070-1141].

Algunas de ellas aparecen también en hispano-árabe, que usan más la rima consonante.

Normalmente se ponen en boca de una muchacha enamorada.



ECO.76 Asaltos a Parlamentos (I)

Asaltos a Parlamentos (I), por Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui

Artículo de  D. Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui que se publicará, próximamente, en un Libro Homenaje a Fernando Sáinz Moreno, también Letrado de las Cortes .

Nicolás Pérez-Serrano-Jáuregui 

Letrado de las Cortes Generales. Doctor en Derecho. Abogado. Co-Presidente de la Sección de Derecho Constitucional y Parlamentario del ICAM, Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación...,

 ... y además un muy entrañable amigo.

Dado el interés del tema, reproduciremos en este Boletín, -y en los siguientes-, el texto íntegro de su magnífica exposición, en la que trata con rigor científico, una circunstancia que él, siendo Letrado en Cortes en 1981, vivió en directo cuando se produjo el asalto del 23F.

De todo corazón le agradecemos su generosa contribución en esta modesta revista. Nos sentimos muy orgullosos de contarle entre nuestros colaboradores.

Paco Acosta




ASALTOS A PARLAMENTOS

A. Análisis del fenómeno.

1. Descripción por análisis de las palabras que componen la expresión asaltos a Parlamentos (o Asambleas). Una proximidad tóxica.

Por una de esas casualidades léxicas, cargadas de significado o de interpretaciones posibles, que no -supongo- de intención apriorística, pero que los malintencionados aprovechan en su propio y deleznable beneficio, las palabras “asalto”, y “asamblea” van seguidas en no pocos diccionarios. Así ocurre en el D.R.A.E.6, pues de manera consecutiva nuestra lengua se ocupa de la “acción y efecto de asaltar” y del “cuerpo político deliberante, como el Congreso o el Senado”. ¡Ay que ver cómo son las cosas! Desde luego, tal siniestra conexión no se me ocurrió la noche del 23F7, cuando sufrí los embates de un asalto al Congreso en mi condición de Secretario General de la Cámara Baja española. En ese momento no había proliferado esa tendencia, y aunque las imágenes de un bigotudo guardia civil provisto de tricornio y pistola en ristre en el Hemiciclo dieron ene vueltas al mundo en segundos, estaban aún por llegar otras igual de impactantes y que nos traían a los ojos a unos pieles rojas entrando violentamente al Capitolio norteamericano, adornados con pellizas, zahones, cornamentas, estrafalarias banderas con lemas tales como “Trump is my president”, luengas barbas, mascarillas, gorras de todo tipo de piel tipo “Davy Crocket”, toda una multitud alocada que salta vallas y recorre impúdicamente las dependencias parlamentarias: con todos los respetos, los indios tomando el fuerte, un mundo al revés.

Nuestros recuerdos de esa brutalidad de 1981 irrumpiendo en el Congreso eran imágenes humillantes. Al ver el video del 23F nos llenábamos de espanto retrospectivo. Estábamos, casi, solos ante el mundo. El esperpento era patrimonio exclusivo de nuestra no consolidada democracia, tan débil como para que fuera posible su cambio por el golpe de unos cuantos tricornios al mando de un oficial cuyo rango estaba dos grados por debajo del generalato. Nuestra memoria histórica nos decía, además, que, en una escala que midiese semejantes sucesos, incluso habíamos ido a peor, pues “al menos” Pavía, cuando asaltó el Congreso en enero de 1874, era general.

Sin embargo, y aunque el consuelo que ello nos proporciona sea magro, lo cierto es que en las últimas décadas esas barbaries de tomar por las armas los Parlamentos se han hecho más frecuentes. La globalidad ha hecho que ya no seamos el único hazmerreir a escala planetaria, pues hasta los mismísimos Estados Unidos han sufrido brotes de esta pandemia, y que, si miramos el fenómeno con perspectiva histórica, tampoco escapa del virus ni siquiera la mater parliamentorum8, pues el Parlamento londinense no se libró en su día de semejante disparate. Pero conviene aclarar en todo caso un extremo, del que ya se hacía eco ni más ni menos que KELSEN, cuya cita textual sigue de actualidad aunque hayan transcurrido casi noventa años desde el momento en que emitió su opinión: “Los historiadores contemporáneos y la ideología política de hoy dictan un fallo desfavorable para el parlamentarismo. Los partidos extremistas, tanto de la derecha como de la izquierda, lo rechazan cada vez más decididamente, pidiendo con fervor la dictadura o un orden de representaciones profesionales, e incluso los partidos de centro no ocultan cierto escepticismo respecto al ideal anterior. No nos engañemos sobre ello: se padece hoy cierta fatiga producida por el parlamentarismo, si bien no cabe hablar -como hacen algunos autores- de una crisis, una «bancarrota» o una «agonía» del parlamentarismo”9. Hay una ilógica en todo ello. Si tan mal funciona, ¿a qué ocuparse de él? ¿Por qué asaltarlo? Aún más: ¿por qué incluso las dictaduras tratan de que las decisiones personales del autócrata tengan respaldo de un órgano trasunto del pueblo, un Parlamento?

El Diccionario Enciclopédico Hispano-americano, dice que Asaltar es “acometer impetuosamente una plaza o fortaleza para entrar en ella por fuerza de armas”. Manifiesta que también es “acometer repentinamente y por sorpresa a las personas o algunos parajes”. E igualmente afirma que implica “acometer, sobrevivir, ocurrir de pronto alguna cosa, como una enfermedad, la muerte, un pensamiento”10.

Late siempre la idea de sorpresa, de hallar desprevenido al enemigo, y para ello utilizar los medios o aprovecharse de las circunstancias que impliquen ventaja respecto del agredido. También nos asaltan las dudas. Pero en todo caso el verbo es rico en acepciones y modismos. Un asalto es una acometida repentina e impetuosa que se da a alguna persona o cosa. En esgrima es la acometida que se hace metiendo el pie derecho y la espada al mismo tiempo.

Almirante, un clásico en materia de estudios militares, decía que el asalto es el acto final, calculado y previsto, de un combate abierto y generalmente largo, cuando el defensor, agotados los esfuerzos para mantener lejos al que ataca, le ve venir encima y establecer lo que para él es más funesto, por su inferioridad numérica, el acceso y contacto material, el combate cuerpo a cuerpo. En rigor, el asalto supone una fortaleza permanente, es decir, con altas y sólidas escarpas que, destruidas o aportilladas por el cañón o las minas, ofrecen una brecha; mas también, por extensión, cabe aplicarlo a un fuerte de campaña, que si en general lo forman parapetos, pueden tener su parte o en todo el recinto, muros o tapias en los que también la brecha es frecuente y necesaria11. Señala también que quien dirige la maniobra cuidará singularmente de la calidad y espíritu de las tropas que forman las columnas de asalto y sobre todo de que no se precipiten hasta el momento preciso que él haya determinado. Sólo los jefes deben conocer la hora… También los jefes deben impedir el saqueo y la violencia “haciendo respetar los fueros de la humanidad y del derecho”.

Por su parte, otro texto, esta vez de 1853 nos recuerda que asaltar es “Sorprender, acometer a alguno de repente o improviso, con objeto de robarlo o maltratarlo”12. Tiene añadidos, pues nos dice también que es, cuando se refiere al ámbito militar: “embestir, atacar, acometer impetuosamente una plaza o fortaleza, escalando sus muros, u obras de defensa para ocuparla a viva fuerza”. Señala, por último, que hay también un juego: juego de habilidad, que consiste en introducir en las casillas de un cartón que representan un castillo o fortaleza los peones que sirven para el ataque, desalojando a los que los defienden. Creo yo que tal asalto, más allá de los videojuegos, y de las videoconsolas, sigue hoy vigente.

La voz “Asalto”. no existe en el Diccionario del Castellano Tradicional13. Lo cual es un consuelo. “No es castellano tradicional el asalto” podríamos decir. Sí lo es “Asamblea”, lo cual podría ser un alivio también. Pero no es así, porque vemos que la única acepción que de ella recoge la pág. 978, que a su vez no está ni en el de la RAE ni en el de uso del español de María Moliner, es sinónimo de

paliza

con lo cual volvemos a las mismas. Así resulta que asamblea puede ser sinónimo de empleo de la fuerza. ¡Qué perverso puede llegar a ser el lenguaje! Pero el análisis de las palabras, creo yo, ni nos debe llevar al determinismo ni servir de justificación a conductas de dictadorzuelos irredentos.

 

(continuará)

 

 

6 Vid. 21ª edición. Tomo I, Madrid, 1992, pág. 207. En el Diccionario de Autoridades, de 1726 (Tomo I, pág. 429) no aparecen ni asalto ni asamblea. En la voz “Cortes” (pág. 629) no hay referencia alguna a que la palabra sea sinónimo de asamblea medieval. Tampoco se recogen asalto ni asamblea en el Corominas, Tomo I, Gredos, Madrid, 1954, pág. 295.

7 Vid. mi libro El día en que Godzilla tomó el Congreso, Congreso de los Diputados, Madrid, 2021, en que vertí mis reflexiones, mis vivencias, pues fui testigo de todo lo ocurrido en el Hemiciclo esa noche del golpe de Estado de Tejero.

8 I. J. JENNINGS, Parliament, pág. 492.

9 Hans KELSEN, Valor y esencia de la democracia, Labor, Barcelona, 1934, pág. 49.

10 Diccionario Enciclopédico Hispano-americano, Tomo II, Barcelona, Montaner y Simón, 1887, pág. 781.

11 ALMIRANTE TORROELLA, José, dos obras de 1869, Diccionario Militar, al menos una de ellas reeditada por el Ministerio de Defensa en 1989.

12 Diccionario Enciclopédico de la Lengua española. Biblioteca ilustrada de Gaspar i Roig, Madrid, 1853. Pág. 249.

13 Diccionario del Castellano Tradicional coordinado por César Hernández Alonso. Ámbito, Valladolid, 2001. 

ECO.76 Aires Murcianos (poema de Vicente Medina)

Aires Murcianos (poema de Vicente Medina)

 

Naïca *

 

La zagala estaba

töa encortaïca,

sin arzar los ojos,

la cara encendía,

trenzando los flecos

de su pañuelico

con las manecicas…

 

Con los ojos puestos

en la zagalica,

abonico el mozo

su querer l’ìcía

con unas palabras…

¡qué güenas!, ¡qué durces!...

¡Ay, qué palabricas!...

 

Daba gusto verlos,

¡qué pareja hacían!

El, arriscaïco,

sin parar d´icirla…

Ella, con sus labios

siempre cerraïcos

sin icir naïca…

 

 

Al pié de la Virgen

hincáos de ruillas,

dempués vide al mozo

y a la zagalica…

Ios vide junticos

y echarles Ias cruces

pa töa la vida.

 

Si él, por lo arrogante,

privaba la vïsta,

no sé por lo que ella

mejor me paecía:

si por lo compuesta,

si por lo modosa,

si por lo bonica…

 

Daba gusto verlos,

¡qué pareja hacían!

El, arriscaïco,

sin parar d´icirla…

Ella, con sus labios

siempre cerraïcos

sin icir naïca…

 

Vicente Medina [1866-1937]


*) Poema escrito en la lengua tradicional de la huerta de Murcia 




ECO.76 Los parados mayores (en paro a partir de los 50)

Los parados mayores (en paro a partir de los 50), por A. Fernández García

 

Te comes muchísimo la cabeza, dudas de ti misma”, lamenta una mujer en paro. Las personas sin trabajo sufren más problemas de salud mental

A fecha de hoy, 10 de enero de 2024 hay en España 20.836.010 afiliados a la Seguridad Social.

Y 2.707.456 desempleados, de los que 1,62 millones son mujeres y 1,09 millones son hombres.

Según el informe de la SEPE, los parados de larga duración, 479.800 personas, para 2023 supone el 42% del total de parados.

Si bajamos la edad a 45 años el porcentaje llega al 56,4% del total de desempleados de nuestro país.

Estos datos nos dan a entender que los mayores parados superan a los jóvenes, con lo que supone de agravante a su estado de ánimo, emocional y psicológico.

Las personas sin trabajo, aunque estemos en mínimos históricos, sufren más problemas de salud mental. Sienten depresión y ansiedad en mucho mayor porcentaje que los empleados de esa misma edad.

“¿Y tú de qué trabajas?” Ante el temor a esa pregunta se aíslan, no salen de casa, hasta rehúyen encontrarse con amigos y familiares. “Si no trabajas parece que no vales nada”. “Temes que te señalen como una vaga”.

La pérdida del trabajo se percibe como un fracaso personal y se interioriza como una pérdida de valor”. “Perder el trabajo supone para muchas personas un fuerte golpe para la autoestima y puede llegar a comprometer su sentido de identidad. El trabajo, además, es una fuente de contactos sociales que, al desaparecer, puede contribuir al aislamiento social”. Juan Oliva, profesor del departamento de Análisis Económico y del Seminario de Investigación en Economía y Salud (SIES) de la Universidad de Castilla-La Mancha y autor del estudio El impacto de la Gran Recesión en la salud mental en España. “Es muy frustrante, si ahora tengo más tiempo que nunca para trabajar. Pero es que no me llaman para ninguna entrevista”.

Actualmente, los jóvenes en paro ya son minoría. Salvan mejor la situación gracias al amparo de padres y abuelos, que les permite retrasar la emancipación, superior a la media de la Unión Europea. Sin embargo, esto se debe más a la dificultad de disponer de vivienda, problema que arrastra décadas en nuestro país.

Lo de los mayores, entre los más longevos del mundo, se presenta difícil. Las grandes entidades bancarias y comerciales lo ponen cada día más. Cierran oficinas, reducen personal, reducen horario, exigen trámites informáticos que no están al alcance de la mayoría… 

Puedo decir que Carrefour, del que fui cliente durante décadas, me invalidó la tarjeta; el Banco de Santander, por su parte, me denegó el adelanto de una mensualidad de mi pensión.

Supongo que no soy el único en semejantes situaciones.