Las plagas y la cerrazón verde, por Marco A. Santos Brandys
Hemos leído en la Biblia, algunas
historias fascinantes que nos trasportaban a unos lugares exóticos: el Arca de
Noé, la Torre de Babel, Jonás y la ballena, las plagas de Egipto… Allí se
hablaba de la conversión de agua en sangre, de la invasión de ranas, plagas de
moscas, enjambres de mosquitos, pulgas y piojos, muertes de ganado, extrañas
muertes entre los primogénitos de Egipto, lluvia de fuego y granizo
inenarrables, plagas de langostas y saltamontes, lluvias de ranas... Luego
llegaron la oscuridad, las tinieblas de la novena plaga, que era tan pesada que
no se podía sentir el peso del cuerpo. ¿Cenizas volcánicas? ¿El ángel
exterminador fue un gas letal causado por estos desastres?
Hoy día, encontramos unas
terribles plagas de proporciones bíblicas, pero poco nos inmutamos. La cantidad
de noticias a las que nos somete la actualidad, nos ha inmunizado contra la
acción, el miedo y la realidad, quizá porque las plagas nos parecen obvias
mirando hacia un tiempo lejano e increíble mientras vivimos esas historias.
Parece como si estos hechos catastróficos, fueran ficciones que inventaron los
antiguos y que nada tienen que ver con nuestra actual forma de vivir. Desastres
que le afectan a otro, en un país lejano o en una rara isla donde se hablan
extraños idiomas, en espera de que se levante una misteriosa nube de polvo del
desierto y que no harán mella en nuestra salud, los espantos en el futuro.
De los mayores desastres
naturales sucedidos en los últimos tiempos, por contar solo unos pocos y sin
mencionar los producidos por nosotros mismos, fueron: la erupción del volcán
Nevado del Ruiz de 1985, el terremoto y los tsunamis del océano Índico de 2004,
Nueva Orleans inundada por el huracán Katrina en agosto de 2005, el terremoto
de Haití de 2010, el terremoto y tsunami de Japón de 2011…y así, podríamos
seguir.
Los peces muertos del Mar Menor
por culpa de los vertidos, parece muy bíblico, pues ya ocurrió antaño en el
Nilo y sus aguas de sangre. Según los científicos, esta primera plaga no fue
cosa de Moisés con su varita mágica, sino de los terremotos provocados por el
volcán de Santorini. Aquellos sismos, causaron escapes de dióxido de carbono y
de hierro junto al Nilo y que al entrar en contacto con el oxígeno, formaron
hidróxido de hierro. Éste volvió el agua de color rojo, con la apariencia de
una siniestra sangre, matando la vida del río y causando las catástrofes
posteriores. En Rio Tinto, en Huelva, pasa algo parecido.
Ver en las noticias a unos virus
exóticos, al enorme granizo, a millones de koalas y canguros muriendo entre las
llamas de Australia, los éxodos masivos, las riadas del mar que sube por el
deshielo cargándose construcciones playeras y barcos engullidos por las aguas,
los fantasmas de ballenas esquilmadas hace años… es más un ejercicio de
fascinación aterrada que de concienciación activa. Y es que estas cosas no son
nuevas: las plagas y los desmanes, los Infiernos de basura que se derrumban,
las nubes de polvo en anticiclones cada vez más frecuentes que atrapan en una
isla a miles de personas tratando entenderse sin saber dónde ir, de virus
infecciosos amenazando vidas sencillas y acaudaladas, causando pandemias, los
tornados, los volcanes, las nubes de polvo, la calima sahariana, los
terremotos…son de ahora.
De forma individual no podemos
hacer gran cosa; no tenemos esa vara mágica que abre las aguas y que deshace
desastres. Esa es nuestra escapatoria contra el miedo, decimos sin creer en
buscar soluciones, sin pavor de urgencia a los cambios. Seguimos poniéndonos
una visera contra el sol y unas gafas oscuras para no deslumbrarnos con la nube
de miedo. Es nuestra máscara de cotidianeidad, la pena de no poder ir al
carnaval o a un congreso de teléfonos móviles que no sabemos quién lo ha
cancelado.
Debemos profundizar en cada
“plaga” y sus orígenes científicos, no quedarnos en la ficción de aquello que
deseamos y pensar que nunca va a tocarnos de cerca.
En el año 1000 AC la población
mundial era de unos 50 millones de personas, ahora es de unos 8.500 millones.
Podemos seguir pensando inconscientemente, en continuar haciendo barbaridades
nosotros mismos.
John Kerry, el “zar” climático
del presidente demócrata Joe Biden, el enviado presidencial de los Estados
Unidos para el Clima, junto con Bill Gates y otros cuántos más en el Foro
Económico Mundial, dijeron que los agricultores debían dejar de cultivar alimentos
para cumplir con los objetivos globalistas radicales de “cero” neto de la
administración para reducir las emisiones. Las últimas políticas
medioambientales radicales de la UE, afectan a la producción de alimentos y a
la seguridad alimentaria.
La Ley de Restauración de la
Naturaleza, pretende rehabilitar los “hábitat” degradados y las especies
perdidas, pero con el derribo de presas y otras desafortunadas actuaciones, el
Sector rural y otros más, se han visto afectados.
Nos dejamos pisotear en el campo,
en la ganadería y en la pesca, debiendo boicotear esta “cerrazón verde”, que
afecta al sector cárnico, a la pesca, al cultivo del tomate en el Levante, a
las fresas de Huelva, al…
En el BOE leo que se anuncian
primas, ayudas y exenciones fiscales para los agricultores que abandonen
definitivamente el cultivo de viñedos, arranquen plantaciones de manzanos,
plataneras, peras, melocotones y nectarinas, y abandonen definitivamente la producción
lechera y el cultivo de la remolacha azucarera y la caña de azúcar.
Si este no es el fin de los
tiempos, se le parece mucho. La destrucción no viene sola, a veces, nos la
creamos.
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