jueves, 2 de julio de 2026

ECO.91 LAS PLAGAS Y LA CERRAZÓN VERDE

Las plagas y la cerrazón verde, por Marco A. Santos Brandys

Hemos leído en la Biblia, algunas historias fascinantes que nos trasportaban a unos lugares exóticos: el Arca de Noé, la Torre de Babel, Jonás y la ballena, las plagas de Egipto… Allí se hablaba de la conversión de agua en sangre, de la invasión de ranas, plagas de moscas, enjambres de mosquitos, pulgas y piojos, muertes de ganado, extrañas muertes entre los primogénitos de Egipto, lluvia de fuego y granizo inenarrables, plagas de langostas y saltamontes, lluvias de ranas... Luego llegaron la oscuridad, las tinieblas de la novena plaga, que era tan pesada que no se podía sentir el peso del cuerpo. ¿Cenizas volcánicas? ¿El ángel exterminador fue un gas letal causado por estos desastres?

Hoy día, encontramos unas terribles plagas de proporciones bíblicas, pero poco nos inmutamos. La cantidad de noticias a las que nos somete la actualidad, nos ha inmunizado contra la acción, el miedo y la realidad, quizá porque las plagas nos parecen obvias mirando hacia un tiempo lejano e increíble mientras vivimos esas historias. Parece como si estos hechos catastróficos, fueran ficciones que inventaron los antiguos y que nada tienen que ver con nuestra actual forma de vivir. Desastres que le afectan a otro, en un país lejano o en una rara isla donde se hablan extraños idiomas, en espera de que se levante una misteriosa nube de polvo del desierto y que no harán mella en nuestra salud, los espantos en el futuro.

De los mayores desastres naturales sucedidos en los últimos tiempos, por contar solo unos pocos y sin mencionar los producidos por nosotros mismos, fueron: la erupción del volcán Nevado del Ruiz de 1985, el terremoto y los tsunamis del océano Índico de 2004, Nueva Orleans inundada por el huracán Katrina en agosto de 2005, el terremoto de Haití de 2010, el terremoto y tsunami de Japón de 2011…y así, podríamos seguir.

Los peces muertos del Mar Menor por culpa de los vertidos, parece muy bíblico, pues ya ocurrió antaño en el Nilo y sus aguas de sangre. Según los científicos, esta primera plaga no fue cosa de Moisés con su varita mágica, sino de los terremotos provocados por el volcán de Santorini. Aquellos sismos, causaron escapes de dióxido de carbono y de hierro junto al Nilo y que al entrar en contacto con el oxígeno, formaron hidróxido de hierro. Éste volvió el agua de color rojo, con la apariencia de una siniestra sangre, matando la vida del río y causando las catástrofes posteriores. En Rio Tinto, en Huelva, pasa algo parecido.

Ver en las noticias a unos virus exóticos, al enorme granizo, a millones de koalas y canguros muriendo entre las llamas de Australia, los éxodos masivos, las riadas del mar que sube por el deshielo cargándose construcciones playeras y barcos engullidos por las aguas, los fantasmas de ballenas esquilmadas hace años… es más un ejercicio de fascinación aterrada que de concienciación activa. Y es que estas cosas no son nuevas: las plagas y los desmanes, los Infiernos de basura que se derrumban, las nubes de polvo en anticiclones cada vez más frecuentes que atrapan en una isla a miles de personas tratando entenderse sin saber dónde ir, de virus infecciosos amenazando vidas sencillas y acaudaladas, causando pandemias, los tornados, los volcanes, las nubes de polvo, la calima sahariana, los terremotos…son de ahora.

De forma individual no podemos hacer gran cosa; no tenemos esa vara mágica que abre las aguas y que deshace desastres. Esa es nuestra escapatoria contra el miedo, decimos sin creer en buscar soluciones, sin pavor de urgencia a los cambios. Seguimos poniéndonos una visera contra el sol y unas gafas oscuras para no deslumbrarnos con la nube de miedo. Es nuestra máscara de cotidianeidad, la pena de no poder ir al carnaval o a un congreso de teléfonos móviles que no sabemos quién lo ha cancelado.

Debemos profundizar en cada “plaga” y sus orígenes científicos, no quedarnos en la ficción de aquello que deseamos y pensar que nunca va a tocarnos de cerca.

En el año 1000 AC la población mundial era de unos 50 millones de personas, ahora es de unos 8.500 millones. Podemos seguir pensando inconscientemente, en continuar haciendo barbaridades nosotros mismos.

John Kerry, el “zar” climático del presidente demócrata Joe Biden, el enviado presidencial de los Estados Unidos para el Clima, junto con Bill Gates y otros cuántos más en el Foro Económico Mundial, dijeron que los agricultores debían dejar de cultivar alimentos para cumplir con los objetivos globalistas radicales de “cero” neto de la administración para reducir las emisiones. Las últimas políticas medioambientales radicales de la UE, afectan a la producción de alimentos y a la seguridad alimentaria.

La Ley de Restauración de la Naturaleza, pretende rehabilitar los “hábitat” degradados y las especies perdidas, pero con el derribo de presas y otras desafortunadas actuaciones, el Sector rural y otros más, se han visto afectados.

Nos dejamos pisotear en el campo, en la ganadería y en la pesca, debiendo boicotear esta “cerrazón verde”, que afecta al sector cárnico, a la pesca, al cultivo del tomate en el Levante, a las fresas de Huelva, al…

En el BOE leo que se anuncian primas, ayudas y exenciones fiscales para los agricultores que abandonen definitivamente el cultivo de viñedos, arranquen plantaciones de manzanos, plataneras, peras, melocotones y nectarinas, y abandonen definitivamente la producción lechera y el cultivo de la remolacha azucarera y la caña de azúcar.

Si este no es el fin de los tiempos, se le parece mucho. La destrucción no viene sola, a veces, nos la creamos.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se ruega NO COMENTAR COMO "ANÓNIMO"