Visita guiada a Cartagena el 18 de mayo de 2026, por A. Fernández García
Hacía muchos años que nuestra
Asociación no hacía una excursión en mayo. El cambio climático y su calor
creciente desaconsejan organizar excursiones en el periodo estival de mayo a
septiembre, que no es poco quitarnos del medio los cinco meses de más horas de
sol.
En este caso la ocasión se brindó
el que se pusiera en contacto conmigo don Ramón López Asensio y a su vez me
pusiera en contacto con su hermano don Antonio López Asensio.
Este había escrito una novela histórica -titulada RAZZIAS-, sobre un
hecho histórico: el intento de asalto de la Torre de Santa Elena de La
Azohía. Este trabajo con sus circunstancias históricas estaba expuesto en
el Archivo Municipal de Cartagena. Puesto en contacto con el autor de la
novela, éste me sugirió el 18 de mayo como fecha adecuada para una visita.
Me pareció conveniente organizar
una excursión a Cartagena con el núcleo en el archivo municipal sin prever, por
supuesto, que los participantes quedaran por debajo del 50%. Por ello, añadí el
Teatro Romano y el Foro para cubrir la mañana; para la tarde, había que
completar el día, incluí el Museo Subacuático, ARQUA.
Esa mañana empezamos la visita en el Archivo Municipal de Cartagena, donde don Rafael Belda González, responsable y jefe de Archivo y Publicaciones, que lidera el equipo que conserva los documentos históricos y administrativos del Municipio de la ciudad de Cartagena.
Éste nos ha explicado su función y entre otros documentos nos exhibió fotocopia del acuerdo del cabildo:
“Acuerdo tomado por el Ayuntamiento para acudir en socorro de la torre de la Azohía, que combaten contra tres galeotas corsarias” (libro de actas capitulares del 9 del 11 de 1599).
“Que salga gente de pie y de caballo de la ciudad a socorrer la torre de la Azohía.”
“En la ciudad de Cartagena, a 9 días del mes de noviembre de mil quinientos e noventa e nueve años, se juntaron a cabildo el doctor Santiago Cabeza de Vaca, alcalde mayor de esta ciudad, Diego Bienvengud Cáceres, Pedro Márquez de Rueda, Luis de Molina, regidores de esta ciudad, así juntos acordaron lo siguiente:
Dijeron que por cuanto había
venido la guarda de Castil Tiñós y ha dado aviso que tres galeotas gruesas de
moros vinieron tras un Bergantín de nueve bancos y lo hicieron zabordar en
tierra junto a la torre de la Azohía, la cual dicha torre les tiró el artillería,
e las dichas galeotas tiraron ansí mesmo otras piezas, de que se entiende que
están combatiendo la dicha torre; acordaron que salga la gente de infantería y
de a caballo con la mayor diligencia que convenga, y para que les envíe los
bastimentos necesarios, nombraron al dicho comisario Diego Bienvengud Cáceres,
regidor, y que el mayordomo pague por sus cédulas lo que de ello se gastare,
con las cuales se les dará recaudo y forma Pedro Márquez de Rueda”.
“Diego García, escribano”.
Aquí está el acta del acuerdo municipal de Cartagena; su desarrollo queda en manos de nuestro narrador, Antonio López Asensio, que nos cuenta:
Escuchado Martín Velasco en el pleno extraordinario, y mediando el Regidor Segado, el cabildo aprueba su petición y el alcalde, Cabeza de Vaca ordena que se libren: “dos esmeriles de catorce onzas de calibre, quince arcabuces. Pólvora, bastimentos para siete días. Veinticuatro bombas de fuego. Y hombres, aunque sean pocos, que sepan empuñar un arma. Según el autor son cuatro los profesionales de armas en la torre, pero veteranos de Lepanto y de Flandes, al igual que el alcaide”.
No le debieron de quedar ganas al corsario Morato Arraez de repetir más veces las embestidas a la torre de la Azohía, pues no hay constancia de ello en los archivos municipales.
De allí, atravesando la ciudad,
llegamos a la plaza del Ayuntamiento; haciendo uso de la reserva pasamos al
Teatro Romano; la guía, a base de preguntas, nos hizo descubrir cosas nuevas
sobre la restauración y la distribución de los espectadores; a continuación,
acaso dando más rodeo del necesario, otra guía nos explicó los distintos
espacios del foro y su uso por los romanos de aquella época. Yo siempre pienso
que, aunque repita una visita, aprendo algo nuevo.
El bus, de la buena mano de
Bernardo nos llevó a comer a El Trovador. Poco después de las cinco de la tarde
llegábamos a la entrada de ARQUA. Se mostraron sorprendidos de nuestra
aparición, especialmente quien nos iba a servir de guía.
Sorprendido yo también, afirmando
que había solicitado la visita tal como ellos me habían indicado con días de
antelación, no era responsable de que ellos no hubieran dado respuesta.
Los compañeros me apoyaron,
pasamos. Vimos un vídeo sobre los medios técnicos de conservación del barco
fenicio en el medio marino. Tras ver el tesoro rescatado de la fragata Nuestra
Señora de las Mercedes nos hace saber que actualmente España puede acceder a
fondos marinos mediante robots hasta dos mil metros de profundidad en los
mismos.
Mi necesidad de pasar por el
urinario me rezagó del grupo y en la puerta le mostré mi agradecimiento a lo
que respondió con un “ha sido un placer”. He venido pensando que está bien lo
que bien acaba.

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