Medio Ambiente: Las bolsas de plástico (y IV), por Paco Acosta
(continuación)
Durante la fabricación de las bolsas biodegradables suelen usarse aditivos para ayudar a que se degraden después de haber sido utilizadas y desechadas. Es decir, en relativamente poco tiempo, con la ayuda de microorganismos vivos, y en las condiciones adecuadas de humedad y temperatura, se degradan transformándose completamente en elementos naturales (CO2, agua, compost -que enriquece el suelo-, minerales,..).
Las NO-biodegradables, cuando no se reciclan adecuadamente, pueden acabar en el medio ambiente, donde tardarían cientos de años en desaparecer. Es decir, con el tiempo se fragmentan en pedazos pequeños -y muy pequeños- hasta que aparentemente desaparecen mezclándose con la naturaleza.
En las calles, o en los campos, al no verse las bolsas de plástico movidas por el viento, o enredadas en las plantas, da la sensación que las bolsas se han “degradado”, y “ha desaparecido la contaminación”… Nada más lejos de la realidad. Los pequeños fragmentos son arrastrados a los ríos y finalmente llegan al mar. El plástico al llegar al mar, parte de él (se estima en un 70%) se hunde y queda en el fondo durante siglos, otra parte (un 15%) queda en columna de agua y la otra parte (otro 15%) permanece a flote. Este plástico es el que provoca un mayor problema ya que los rayos del sol y el movimiento de las olas provoca que se descomponga en pequeños pedazos hasta llegar a microplásticos. Hay que tener en cuenta que microplásticos también aparecen por el desgaste de los neumáticos de los coches o por el lavado de prendas de fibras sintéticas.
Dicen los expertos que los microplásticos
en el agua se han convertido en un importante problema medioambiental durante
la última década. Su presencia plantea serias preocupaciones para la vida
marina, la salud humana y el equilibrio de nuestros ecosistemas acuáticos.
Impacto en la salud humana
Desde una perspectiva de salud
humana, la preocupación respecto a la ingestión de microplásticos a través de
alimentos y agua contaminada está en constante aumento. Este fenómeno podría
exponer a las personas a productos químicos tóxicos que se adhieren a estas
diminutas partículas, generando preocupaciones sobre la seguridad de los
alimentos y el agua que consumimos.
Impacto en la vida marina
En el entorno natural, los
microplásticos representan una amenaza tangible para nuestros ecosistemas
acuáticos. Estas diminutas partículas contaminan ríos, lagos y océanos,
perturbando gravemente la vida marina y afectando la biodiversidad. Los
organismos marinos, desde los más pequeños hasta los más grandes, ingieren
estos microplásticos, lo que puede causar daños significativos en sus sistemas
digestivos y alterar sus patrones de alimentación. Esto, además, se traduce en
la entrada de microplásticos en nuestra cadena alimentaria cuando consumimos
estos peces.


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