jueves, 2 de julio de 2026

ECO.91 ¿LA VOZ DE LA DEMOCRACIA?

¿La voz de la democracia?, por José Luis Mozo

Los tiempos que van corriendo parece que lo hacen con aguas cada vez más turbias en los cauces políticos, lo que nos venía produciendo una sana indignación y un deseo de pelea con el eximente de legítima defensa.

Pero ahora se ven crecer la sensaciones de hastío, de aburrimiento impotente porque todo sigue igual y los avances en cualquier proceso se ralentizan hasta el infinito y las sospechas acaban de caer encima de todos, incluso de los medios que debían ser los más puros o de los jueces que debían ser los más imparciales y asépticos defensores de la justicia.

De cuando en cuando, suena una voz que clama “¡elecciones!”.

La voz del pueblo, ¡estupendo!, democracia a tope.

Pero ¿podemos estar seguros de que se trata de la voz del pueblo?

Las nuevas tecnologías ni están ni van a estar al alcance de la comprensión de todos, sino de unos expertos cada vez formados con más horas de estudio, con rango de carrera universitaria, lo que no les exime de tener que comer, así que se verán obligados a poner sus servicios a disposición de quien les pague.

Hace dos días fui testigo y víctima de una escena en la caja de una gasolinera. Allí estaban un cliente que había repostado, teléfono en ristre, y un cobrador del establecimiento. Entre los dos luchaban a brazo partido contra el teléfono, que no se dejaba dominar. La cola llegó a salir largamente del mostrador de cobros hasta la calle. Al fin, el cliente y el cobrador se dieron por vencedores…. o por vencidos – no lo sé bien – y los de la cola pudimos empezar a avanzar.

Ahora traslademos esta escena a una mesa electoral, donde reciben a los votantes unos ciudadanos elegidos al azar, sin ninguna formación específica para el cargo y sin más herramientas que una hoja de censo.

Con las nuevas tecnologías al servicio del mal, ¿en cuántas identidades se podría multiplicar una sola persona? Y hasta con la misma, ¿en cuántas mesas podría repetir? ¿O utilizar a extranjeros que nunca pisaron España, incluso sin que ellos mismos lo sepan, para votos de puchero?

Sería bueno hacer un alto en el camino… para ordenar el camino antes de avanzar por él tropezando. Volver al punto de partida.

Cada votante con su documento de identidad y su voto.

Y si no puede estar presente, con el tradicional correo que envíe el mismo voto y el mismo documento.

Y mientras tanto, desarrollar los procedimientos que nos garanticen la limpieza y la seguridad de que nuestra voz es igual a todas.

Francamente, no tengo ninguna esperanza en que esto suceda. Antes llegará – si no ha llegado ya – el voto “on line” y el puchero se hará inmenso.






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