lunes, 6 de junio de 2022

ECO.66 NUESTRAS RECETAS: BONITO CON PIMIENTO Y TOMATE

NUESTRAS RECETAS:  BONITO CON PIMIENTO Y TOMATE, por Mercedes Aróstegui


BONITO CON PIMIENTO Y TOMATE

 

INGREDIENTES:

·         Bonito limpio y cortado en trozos

·         2 pimientos verdes

·         Una lata de tomate frito casero

·         Vino fino.

MODO DE HACER:

Partir el pimiento en trocitos pequeños. En sartén con aceite y a fuego suave hacer el pimiento tapando, poner sal. Apartar en un plato, escurriendo el aceite que se quedará en la sartén, donde haremos a la plancha el bonito en trozos. Ponemos sal y añadimos vino fino y dejamos cocer.


Añadimos el pimiento a la sartén y mezclamos; a continuación, el tomate empapando el pescado y el pimiento. Tapamos y dejamos hacer a fuego lento.



Esta receta está hecha con bonito de la almadraba de La Azohía




ECO.66 LA PIEL RELUCIENTE Y VERDE

LA PIEL RELUCIENTE Y VERDE, por José Luis Mozo

Corría la segunda mitad de la década de los 70 (en el siglo pasado) cuando en la valla de un céntrico solar de Manhattan vi pintado un gran mural con un sol y un mar, en el que nadaba, tranquilo y amable, un gran pez. El sol era rotundo, amarillo intenso e irradiante. El mar muy azul, de olas tenues. El pez parecía de Miró. A un lado, como amenaza que se cernía, un hongo atómico, marrón grisáceo pero veteado de rojo, lo que simbolizaba (supongo) fuego y sangre.

No era un graffiti cualquiera. Estaba coronado por una inscripción (en inglés) que decía no a la nuclear, sí a la solar. Aún en la guerra fría (que, aunque aburriendo por su longevidad, seguía efervescente), aquello podía tomarse por un dibujito escolar considerablemente ampliado. Si se tiene en cuenta la precariedad de la tecnología fotovoltaica de la época, más infantil aún.

Pero no era tal. La desestalinización había concluido. La tiranía y el crimen de Estado a gran escala, los gulags, habían agriado aquel rojo brillante de sandía que a tantos encandiló en los años 10, 20, 30… Los estalinistas estaban fuera del mapa, así que iniciaron una reconstrucción lenta y en cierto modo generosa. No había tiempo ni fórmula para recuperar en un golpe de efecto el poder; se inició un proceso que sólo fructificaría para sus generaciones herederas. El error había sido atacar de frente y con convicción al capitalismo. En la propia segunda república española, los revolucionarios lo dejaron claro. Si llegaban al poder por las urnas, ¡estupendo! Si no, a tiros. Pero, en cualquier caso, llegarían. Tremenda equivocación.

El primer peldaño de la andadura fue siempre la educación. Había que crear generaciones adictas, prácticamente clónicas. Borrar la historia real y sustituirla para una construida a su modo. Sacar la ciencia del programa, porque la ciencia lleva al saber y el saber a soluciones válidas, al progreso auténtico. Y tenían que autoadjudicarse la exclusiva del progreso.

La ciencia es, desde hace tiempo, el motor básico de las mejoras de la humanidad. Malthus no era ningún estúpido y su aritmética demasiado elemental para errar los resultados, pero la invención de los fertilizantes echó por tierra la hambruna imparable que venía. Las vacunas pusieron tope a cifras hoy inimaginables de mortandad infantil. Los antibióticos desmontaron finales fatales de muchas infecciones… Y la suma seguiría hasta cerca del infinito.

La revolución no atacó de frente. En los problemas de calle, los que trascienden a la política, el hombre del llamado primer mundo, que ya no temía al hambre, tenía dos focos prioritarios: la salud y la casa. Prometer salud es siempre complicado, ya que el destino inequívoco de la vida es la muerte, y eso no pone límites a las exigencias de salud. Preferible que mejorar, amenazar. Con la amenaza llega el miedo, el mayor liberticida conocido. El hombre entrega cuanto sea necesario a quien prometa librarlo de la amenaza, su libertad por supuesto. Y la casa es una eterna promesa de los regímenes totalitarios, en la que tantas veces fracasaron. Así que, ¿por qué no hacerla trascender? Nada de casa, ¡el planeta entero! Respaldado por una soterrada crisis de valores, que acompaña a la educación, el hombre, ese breve soplido que susurra en el tiempo cósmico, se convierte nada menos que en el ángel custodio del planeta.  Una verde y reluciente cáscara, como de las sandías, se ofrece al hombre del mismo modo que la manzana a Eva. Pero cuidado no picharla, porque debajo salpicaría el rojo antiguo, podrido como nunca.

Y mientras tanto, los artífices de ese nuevo y reluciente mundo verde, han tenido tiempo de prepararse. China, esa gran nación a la que tocó la lotería de caer en su liderazgo el político más inteligente del pasado siglo, Deng Xiaoping, se está haciendo con el control y a veces monopolio de los nuevos minerales básicos para las nuevas tecnologías, fundamentalmente automoción y comunicación. Los productores de combustibles fósiles, países del golfo Pérsico y Rusia, ponen de rodillas a la atontada Europa, que está presa de sus melifluas historias sobre renovables, sostenibles, o como quieran llamarlos. China no se encuentra entre esos productores. Consume 5.600 millones de barriles de petróleo mientras apenas produce 1.400. Pero ya ha puesto en marcha un muy ambicioso programa de generación nuclear. ¿Se imaginan que Europa intentara hacer lo mismo? Tardarían 10 años en superar la batalla política y legislativa para arrancar la primera unidad. Y para entonces el gran apagón, que nos dejaría totalmente a merced de los nuevos amos del mundo, ya podría haberse producido.

Ya escribí que el riesgo del gran apagón no me parecía grande… si no se lo aviva. Imaginemos una ciudad de tamaño medio-pequeño, como Murcia, que pudiese consumir 5500 Mwat-h por día. Eso significa mantener una potencia media de 230 Mwat, una demanda punta probable de 400. Si se matricularan 2.000 vehículos mensuales eléctricos, ¿cuánto más haría falta para su carga? Ya se oyen en las grandes empresas o centros de trabajo voces, sindicalistas o similares, que piden cargadores para todos. Es decir, montar de un golpe ¿600 unidades de carga en cada uno de esos centros? O explicarles a los trabajadores que tienen que cargar de noche, en su casa y despacito para evitar que todo el sistema se venga al suelo. A la gente de calle le tienen sin cuidado estas melindres técnicas.  Lo que quieren es cargar en 20 minutos y que la energía les salga gratis. Y cargando por encima de 60 amperios, eso podría duplicar en un solo año la punta de demanda. Ya tienen preparado el gran apagón.

Si Don Quijote levantara la cabeza (y con ella la lanza, la adarga, el rocín y el galgo) y eligiera el día apropiado, podría cruzar La Mancha toda, desde el Rabo de la Sartén a Tarancón, sin librar una sola batalla con los gigantes. Porque no moverían sus grandes y poderosos brazos (mucho más grandes y poderosos que los molinos de hace 500 años) por falta de viento. Pues nada, a jugar con sus planes de renovables y a esperar la hecatombe, que para entonces los nuevos amos del mundo ya se habrán consolidado.

En cuanto a los esclavos, no será necesario consolidarlos. En esa situación, y con la ayuda de algún que otro nuevo covid, habrá voluntarios a millones buscando protección y subsidio.




ECO.66 HISTORIAS DEL CANTÓN MURCIANO: LA CAPITULACIÓN (I)

HISTORIAS DEL CANTÓN MURCIANO:  LA CAPITULACIÓN  (I), por Paco Acosta

Ante la inminente entrada de los centralistas en Cartagena, cuando ya en toda la ciudad se conocía el “final de las negociaciones de capitulación”, las personas más implicadas en la revolución se dirigieron al puerto, que consideraban el único punto donde podría haber algún tipo de escape. Y más concretamente se concentraron en la “Numancia”, a cuyo mando estaba Nicolas Constantini “Colau”.

 

La huída

La tarde del 12 de Enero de 1874 la Numancia zarpó del Puerto de Cartagena llevando a bordo 1750 personas. La habilidad de “Colau” consiguió romper el bloqueo ejercido por los buques 'Vitoria', 'Zaragoza', 'Carmen' y 'Almansa', cuyos disparos no fueron suficientes para detener a la “Numancia” en su huida, que escapó prácticamente sin daños. Y debido a la mayor velocidad de la “Numancia”, tampoco resultó eficaz la persecución de los buques centralistas, que no lograron darle alcance.

La “Numancia” llegó esa misma noche a Orán, en la Argelia francesa, donde todos los dirigentes cantonales fueron detenidos e internados en prisiones argelinas.

La “Numancia” fue devuelta al gobierno el 17 de enero, tras la reclamación del cónsul bajo el argumento que la fragata nunca había dejado de ser española.

 

La entrada en Cartagena de las tropas gubernamentales



El 13 de Enero, tras 184 días de sublevación, 150 de sitio y 48 de bombardeos, las tropas del gobierno entraron en Cartagena. Iba al mando el general López Domínguez, con fuerzas integradas por unidades de infantería, ingenieros, artillería, caballería, guardia civil, y carabineros que habían tomado parte en el sitio de la plaza.



Se encontraron una ciudad con barricadas en las calles, edificios en escombros, casas derruidas por el fuego, y observaron las consecuencias y grandes destrozos que el largo asedio había producido tanto en la ciudad como en el Puerto. Se cuenta que únicamente 27 edificios de Cartagena quedaron indemnes.





Después del acto oficial de Capitulación de la ciudad, se nombró un gobernador militar, se proporcionó material a los hospitales, llenos de heridos; fueron liberados numerosos presos del Castillo de Galeras; las tropas que habían apoyado la insurrección y habían quedado en Cartagena, fueron integradas en distintas unidades, trasladando a sus oficiales a otros servicios.

Estas tropas, que habían demostrado buena organización y disciplina, fueron rápidamente enviadas a combatir a Cataluña donde eran necesarias para luchar contra los “carlistas”.

Hay autores que sostienen que el gobierno centralista “demoró” en exceso las tareas de reconstrucción. Indican que incluso se paralizaron, como represalia, trabajos que, en el puerto se habían iniciado antes del levantamiento cantonal. Ponen como ejemplo la escollera del rompeolas de Navidad, cuyas obras se paralizaron durante todo 1874 y con escasez presupuestaria, continuaron hasta 1879. Estos autores ven un importante contraste con la celeridad de las ayudas que el gobierno central concedió al puerto de Águilas, que había apoyado su política frente a los cantonales.

Pocos días después de la capitulación cantonal y de la entrada en Cartagena de las tropas del gobierno central, comenzaría la represión política contra los responsables directos e indirectos de la sublevación.

 

Indulto a los militares

El anuncio de lo que iba a ocurrirles a los revolucionarios tras su rendición formó parte de las negociaciones. Las condiciones de la capitulación se pueden considerar como “razonables”, dadas las costumbres de la época, ya que quedaron "indultados los que entreguen las armas dentro de la plaza, tanto jefes como oficiales, clases e individuos de tropa de mar y tierra, institutos armados, voluntarios y movilizados", con la excepción de los que "componen o han formado parte de la Junta Revolucionaria". No es extraño que los principales implicados intentasen escapar por todos los medios a su alcance. Se veían condenados a muerte.

Pero la revuelta cantonal en Cartagena, que algunos pensaban iba a ser un asunto fácil, evolucionó de forma que dio lugar a apoyos e implicaciones de muy diversa responsabilidad.

Por una parte hay que mencionar a los militares, que con su dedicación y “profesionalidad” combatieron en la defensa de la ciudad. A mi entender también con bastante apego por las ideas que les transmitían los dirigentes revolucionarios. No todos se creyeron que se cumpliría el indulto que se les ofrecía, sin represalias, y bastantes quedaron escondidos o confundidos entre la ciudadanía y el barullo reinante.

Existe un grupo importante de “penados”, los que cumplían condena en los presidios de la ciudad, a los que la Junta revolucionaria les propuso la libertad si combatían en la defensa de Cartagena. Estos quedaban únicamente “indultados del delito de la rebelión” correspondiente al alzamiento cantonal, pero no de los delitos por los que cumplían condena. La mayoría escapó o se escondió.

 

Juicio a los principales implicados

Una Comisión Militar creada al efecto y la Audiencia Territorial de Albacete, por medio de sus juzgados de primera instancia dependientes, se encargarían de procesar a todos los jefes y funcionarios que habían tomado parte en la sublevación (una buena parte de ellos huidos), abriéndose una sumaria o matriz general y centenares de piezas separadas sumariales contra los militares y civiles implicados.

Un buen grupo lo componen aquellos “implicados de segundo y tercer nivel”, sin cuyo apoyo y bien hacer al realizar las tareas de las que eran responsables, permitió que Cartagena resistiera las presiones del gobierno centralista. Es en este grupo donde la historia, reflejada en los enjuiciamientos de los siguientes años, ha permitido conocer los delitos que cometieron.

Empecemos por los principales implicados. La comisión militar sentenció a la pena capital a 37 personas por haber cometido el delito de insurrección y ejercido cargos principales e importantes. La sentencia no se aplicó al estar todos ellos fugados. Afectó, lógicamente, a Antonete Gálvez, al general Juan Contreras y a Roque Barcia.

Respecto a los “escapados”, el Ministerio de Gobernación, pocos días después de la capitulación, se dirigió al alcalde para que diese orden de prender a todos los cantonales «que me dicen andan sueltos por esa ciudad».


(continuará)



ECO.66 ¡BARCO AL AGUA!

¡BARCO AL AGUA!, por Marco A. Santos Brandys

 

"En un bote de vela, a la mar me tiro,

que me lleve el viento, muy lejos contigo.

En un bote de vela, sin marca y compás,

rumbo no sé dónde, quiero naufragar.

Y en una de esas islas, muy lejos de aquí,

donde tú y yo solos, podamos vivir…”

 

Escuchar la canción de Paquito Jerez, me recuerda a principios de los años 60, cuando mi abuelita materna, nos regaló a sus nietos un barquito de remos. Nada nos podía hacer más ilusión. 

El curso escolar, entonces acababa con los exámenes de Junio y si no nos daban "calabazas", estábamos libres más de los tres meses siguientes, para disfrutar de las vacaciones en el mar, pues Septiembre y parte de Octubre los pasábamos en el campo. El 12 de este mes, marcaba el fin de las vacaciones y volvíamos a Madrid. Eso era "veranear". 

Por la calle del Paseo del Puerto de Mazarrón, entonces circulaban los coches. Había en la playa, toldos y casetas para ponerse los trajes de baño, pintadas de blanco con franjas azules. Se instalaban casetas de feria en el Paseo, sonando la música frecuentemente. 

En los famosos chiringuitos “El Ronquillo", en “El Luis” y en el Bar "La Peña" del Paseo, tomábamos el aperitivo de "vermut con sifón", bebida muy popular entonces y otros refrescos, con aceitunas, patatas fritas, ensaladilla rusa, anchoas y berberechos. Mi madre ponía en la orilla del mar mojándose con las olas, fruta sabiéndonos riquísimas, con ese punto salado que les daba el agua.

Mi abuelita Manolita, sentía adoración por sus nietos y nos lo demostraba siempre. Éramos únicos para ella, pues viuda desde los 25 años, solo tuvo a mi madre. De carácter simpático, muy cariñosa y generosa, aunque vivía en Cartagena, pasaba con nosotros los veranos, en el Puerto de Mazarrón primero y luego, en Bahía.

Como a mi hermano y a mí, mayores que mis 4 hermanas, nos gustaba mucho el mar, en 1959 nos compró el primer barquito, bautizándolo con el nombre de "Arrecife". Era un bonito y estupendo bote de madera de olivera, realizado en el Puerto de Mazarrón por un calafate de ribera, amigo suyo, costándole 300 pesetas, cifra increíble metida en mi cabeza. Con 3 metros y medio de eslora, había que calafatear los veranos, pues la madera al secarse, se contrae y eso le sucedía, al pasar el invierno en "seco".

Al acabar el curso escolar, ya sufríamos el síndrome marinero y deseábamos llegar cuanto antes al Puerto, en donde el "Arrecife" había pasado el invierno, esperándonos encerrado en una cochera, lleno de algas secas. Al llegar, los primeros días le quitábamos las algas y previo un ligero calafateado con estopa y embreado, le poníamos la "patente", pintándolo de verde y blanco, recordando los colores andaluces de su madre, mi bisabuela, nacida en Vélez-Rubio. 

Luego, echábamos al agua los 700 kilos de su tara, pasando varios días hasta que la madera se hinchaba, se cerraban las cuadernas y podíamos navegar, “achicando” el agua salada que aún se metía por las costuras de las maderas, con un bote de lata, debido a nuestra impaciencia. 

Nos hacíamos a la mar casi todos los días, excepto cuando soplaba en raras ocasiones el molesto viento de "levante". Mis 4 hermanas eran más pequeñas, pero mi hermano y yo comenzando la adolescencia, no podíamos pensar pasar las vacaciones, sin él. Con unos remos, de madera a los "escálamos", amarrados con "lamperas” o “estrobos" y varios metros de cabo de cáñamo al "rezón", nos aventurábamos donde fuese. 

Entonces, muchas cosas se hacían de modo diferente a como ahora y la forma de "echar" un barco al agua, no era diferente. Ahora, con un coche con "bola" y remolque, lo montas encima, sujetas con cinchas, lo llevas al puerto y una grúa hace su papel echándolo al mar y listo. O en una rampa, lo sueltas con el cabestrante del remolque poco a poco. Hace tiempo, no era así.

Entonces para esta operación, así como para sacarlo del agua, buscábamos a un grupo de amigos, prestándose ellos diligentemente a la labor. Sobre unos "parales" de madera o sobre los mismos remos, empujábamos el barquito sobre su quilla hasta el agua o el garaje, operaciones en donde nosotros y el bote, sufríamos lo suyo buena parte de la mañana o la tarde. Echar el barco al agua, era menos trabajoso que sacarlo, pues la madera hinchada por el agua, pesa más que la seca. Después de esa operación, mi madre nos invitaba a todos a un refrigerio a base de bocadillos y refrescos. Y tan contentos.

Lo fondeábamos en el “seco” de algas de la playa, frente a nuestra casa del Paseo. Cuando soplaba el molesto "levante", no le perdíamos ojo y en ocasiones, mi hermano Aken, tuvo que ir a rescatarlo, hasta alguna vez por la noche, al soltarse o garrear. Entonces, se lanzaba al agua con los remos guardados en casa y nadando, lo alcanzaba, volviendo a fondear debidamente y regresaba con los remos a la playa, donde yo lo esperaba. Me parecía entonces una proeza y me lo sigue pareciendo. Él, no le daba importancia.

El primer fondeadero estaba cerca del "Ronquillo" y desde nuestra casa, en la calle del "Progreso" a la altura de la "segunda escalera" se veía la playa. Esa casa, propiedad de mi tío abuelo Rafael, pocos años después sería derribada, construyéndose en su lugar un nuevo edificio, en donde hoy está la tienda de "cerámica". 

Pocos años después, nos cambiamos a otra casa, al principio del Paseo, cerca del restaurante Avenida y de la "primera escalera". La llamábamos la "Casa de Demetria", pues así se llamaba su propietaria, a quien mi padre le alquilaba esos meses de verano. Esta casa, también se derribó años después, para hacer un nuevo edificio. 

En 1965 y 1966, alquiló mi padre la “Casa Miró” en Bahía, pero en 1967 nos mudamos a "La Goleta", nuestra casa en el “Cabezo de la Cebada” en Bahía, al lado del “secadero del esparto”, construida en 1952 por Ángel Galindo, un industrial del esparto de Alcantarilla, tío de mi cuñada. Esa casa, en donde pasamos 32 años de buenas vacaciones, la derribaron en 1999, al igual que las otras.

Muchos amigos, venían a montarse en el botecito, aguantando el peso de los chavales. Bogábamos hasta "La Galerica", “El Rihuete”, al fondeadero de "traiñas” del faro -lugar protegido de los “leveches”- o hasta Bahía y más allá, antes de la construcción del puerto pescador y del deportivo. Las excursiones, la pesca y el baño, estaban garantizadas. 

Era muy ágil y brincaba sobre las olas como un corcel, tripulado por intrépidos marineros. Alguna vez, le pusimos un motor fueraborda “British” de ¾ CV de Julio Balboa, navegando alegremente, pero no era lo suyo. Aprendimos nudos marineros, el “llano”, el “ballestrinque”, las “margaritas”, el "doble 8" y el “As de guía”, el nudo de los nudos. Todo aficionado los conoce. Recuerdo el “cía, cía, cia…” de mi hermano, cuando bogaba y una ola se nos venía encima debiendo capearla, deslizándose sobre su cresta, dando “pantocazos” cuidándonos de no tomarla por la aleta ó la amura.

En Bahía, lo fondeábamos en la "Playa Chica", una pequeña calita al lado del "Cabezo de la Cebada", junto a otros barcos, lugar bien protegido de los vientos y vigilado, cerca de casa. 

Escribo algo de un relato de mi amigo y buen marinero Carlos, donde describe de lo que sucedía, en una situación normal: 

"… claro, el tiempo pasaba enseguida y cuando me daba cuenta, iba justo para llegar a casa. Por más que le daba a los remos con todas mis ganas y mis fuerzas, el bote apenas avanzaba, porque, antes de doblar el saliente de rocas que había antes de la monstruosidad de llenar todo aquello de piedra para el espigón del puerto deportivo, el viento de Sureste o de Levante pegaba con fuerza. Una ola y otra ola, y la proa del bote subía y “clavaba” pegando un “panzazo” sobre el agua y apenas avanzaba. Eso sí, cuando lo había sobrepasado (el saliente) la velocidad era considerable..."

 

Una lancha que tuvimos, también gracias a la generosidad de mi abuela, fué una "Glastron" de 13 piés de eslora, con motor Evinrude de 33 CV. Se lo compró en 1.967 a Avelino Marín Garre, en Cartagena costándole unas 100.000 pesetas y le pusimos por nombre "La Abuela", dándonos también momentos inolvidables. Pero ya estábamos bregados en la navegación costera, conociendo todos los rincones de la Bahía de Mazarrón, desde el Cabo Tiñoso a Puntas de Calnegre y más allá.

Guardábamos el "Arrecife" y "La Abuela", en el amplio garaje de "La Goleta". A finales de temporada, le hacíamos el invernaje y el mantenimiento: Funcionando el motor en un bidón con agua dulce, lo enjuagábamos, le cambiábamos el aceite de la cola, quitábamos las bujías, metíamos en los cilindros aceite no detergente con una alcuza, pegábamos unos tirones quitando el sobrante, poníamos las nuevas bujías flojas, limpiábamos la carcasa poniendo vaselina a los metales y hasta el año siguiente, en que previa limpieza, pintábamos los bajos con "antifouling" antes de "echar al agua". La construcción del puerto deportivo, cambió muchas cosas, todo se popularizó, reestructuró y articuló la navegación. 

El “Arrecife” y “La Abuela”, navegaron unos 35 años cada uno, solapando su vida, unos 25.


Algunos marineros en estas singladuras fueron: Chelo, Luz, Lile, Miguel Ángel, Pedro Antonio, José Antonio, Águeda, Cosme, María José, José Luis, Ana Elisa, María, Blanca, Chari, Lucía, Jesús, Juan Antonio, Paco, Julio, Carlos, Manolo, Ramón, Pacho, Luisma, Pachi, Manuela, Carmelo, Delia, Francisco, Isidoro, Mari Carmen, Adela, Mariantonieta, Isa, Cristina, Maria Elena, Jesús, Manolo, Drenah, Clifton, Maco,... y mis hermanas, Polo, Tatón, Rarra, Yolanda y mi hermano, Aken. 

 

"En la arena escribí tu nombre

y luego yo lo borré.

para que nadie pisara

tu nombre, María Isabel...”




ECO.66 EL SER HUMANO ACTUAL -PRODUCTOR CONSUMIDOR- (I)

EL SER HUMANO ACTUAL  -Productor Consumidor-  (I), por Eladio Chávarri filósofo [1952-2002] en estudio y comentario de Baldomero  López Carrerafilósofo.

 (continuación)

(Este artículo se ha de considerar como una Segunda Parte de la Propuesta de un Humanismo Axiológico, que hemos publicado en los nº 48, 51, 52, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64 y 65, de este Boletín)   




Presentamos dos significados de "humano". El primero se refiere a las diferencias que tiene el ser humano con otros seres no humanos. Aquí "humano" no tiene un significado valorativo, puesto que no existe el contravalor "inhumano" para lo que no son humanos.

El segundo significado sí es valorativo, porque tiene valor y contravalor. Pero este segundo significado de humano e inhumano, con ser valorativo, es reducidísimo. Apenas si comprende una docena de valores y de sus respectivos contravalores.


Es un par valorativo y es el más universal porque engloba a su vez a millones de pares valorativos particulares de las distintas dimensiones valorativas.

 

(continuará)




ECO.66 EL ALMIRANTE WILHELM CANARIS. SU VIDA E INFLUENCIA EN LOS DESTINOS DE ESPAÑA Y ALEMANIA (y V)

EL ALMIRANTE WILHELM CANARIS. SU VIDA E INFLUENCIA EN LOS DESTINOS DE ESPAÑA Y ALEMANIA  (y V), por  Kurt Schleicher


(continuación)

El 20 de julio de 1944 se produce el famoso atentado (“Valkyrie”) liderado por Von Stauffenberg en la “Guarida del Lobo”, hecho muy bien retratado en la película del mismo nombre, protagonizada por Tom Cruise. Canaris no participó directamente en él, aunque estaba enterado, pero uno de los generales arrestados “cantó” y le acusó de ser “el cerebro en la sombra de la conspiración”.

A Canaris se le acabó su suerte y fue arrestado junto a Hans Oster por el propio SS Walter Schellenberg el 23 de julio. Fue llevado a la cárcel de Tegel, en Berlín, pasando por la siniestra cárcel de la sede de la Gestapo en la Prinz Albrechtstrasse. El 5 de febrero de 1945, con ocasión de un bombardeo sobre esta ciudad que afectó a la cárcel, fue llevado junto con Hans Oster al campo de concentración de Flössenburg.

Poco antes, el 22 de septiembre de 1944, fueron descubiertos en la sede de la Abwehr en el edificio de la Wehrmacht en Zossen (cerca de Berlín) una serie de documentos comprometedores (libros y resúmenes de viajes) que Hans von Dohnanyi había guardado en una caja fuerte. A raíz de este descubrimiento, las SS ya tenían pruebas fehacientes de las actividades conspirativas de la Abwehr, especialmente de varios de los sospechosos, como el propio Canaris, Hans von Dohnanyi, Hans Oster y el pastor Bonhöffer.

 

1945: el final.

Las desgracias suelen no venir solas, pues un par de meses más tarde, el 4 de abril de 1945 y tras un bombardeo, salió a la luz otra caja fuerte oculta en el mismo lugar en Zossen y que contenía nada menos que los diarios de Wilhelm Canaris con todo lujo de detalles en ocho tomos y que le implicaban directamente.

Al reconocer lo relevante que era el contenido, los diarios fueron entregados inmediatamente al general Kaltenbrunner, quien a su vez los llevó al bunker en Berlín, entregándoselos a Hitler en mano. Evidentemente, a Hitler le dio otro de sus histéricos ataques incontrolados de furia, hondamente frustrado al darse cuenta de cómo le había engañado Canaris tantos años, y ordenó que todos los sospechosos de conspiración empezando por el propio Canaris fueran ejecutados inmediatamente.

 

El 8 de abril de 1945, en un juicio sumarísimo en Flössenburg, Canaris fue condenado a muerte. Al día siguiente, 9 de abril de 1945, fue ahorcado desnudo de forma vergonzosa junto al pastor Bonhöffer y Hans Oster, junto con otros tres conspiradores más.

In Memoriam de Wilhelm Canaris, en Flössenburg

Reflexiones finales

Wilhelm Canaris sigue siendo hoy en día un personaje controvertido, pues hay disparidad de opiniones con respecto a él. ¿Fue un héroe, una víctima o un oportunista? Sus famosas memorias, las que le costaron la vida, fueron quemadas por Kaltenbrunner para que no cayeran en manos aliadas y así se han perdido muchos detalles que hubieran arrojado más luz sobre su personalidad.

Su fascinante vida parece que está más llena de fracasos que de éxitos, pues si las cosas le hubieran salido mejor, la historia podría haber sido muy distinta. El ejemplo más claro es que estaba convencido ya desde 1939 que Alemania no ganaría la guerra y luchó por ello, pero sin éxito. Esto debió de contribuir en gran medida a su depresión y la subsiguiente desaparición de la Abwehr.

Está claro que era muy hábil y que sabía escurrir el bulto, pero “tanto va el cántaro a la fuente”, que al final se rompió…

 

¿Qué hubiera pasado si las conspiraciones de Canaris, primero el derrocamiento de Hitler, y después que los diversos atentados que se propusieron, hubieran tenido éxito?

 Pues en función de la fecha, o bien en 1943 o en 1944, hasta el fin de la guerra en 1945 indudablemente se hubieran salvado millones de vidas. El precio que tuvo que pagar el almirante Canaris fue el de una muerte humillante, solamente tres semanas antes de que se suicidase el propio Hitler. El destino es a veces cruel e injusto.

 

En cuanto a España, el que más claro ha tenido la relevancia de Canaris ha sido probablemente el propio Franco.

¿Hubiera ganado Franco la Guerra Civil sin la ayuda de la legión Cóndor, que Canaris sacó para adelante contra la opinión de algunos generales de Hitler?

Pregunta sin respuesta, que ahí queda… Al menos se hubiesen evitado muchos bombardeos en la guerra, desde luego…

¿Hubiera intervenido España en la segunda guerra mundial como aliada de Alemania sin la intervención de Canaris, cosa que llegó a proponer Franco a Hitler por carta nada más terminar la campaña de Francia en junio de 1940?




ECO.66 EL TIEMPO PASA -relato-

 EL TIEMPO PASA  -relato-, por Mercedes Aróstegui



Él pensó que llegaría lejos, se esforzó hasta llegar aquí, pero no se dio cuenta de que los años habían pasado. Se quedó anclado en el tiempo y creía que aún derrochaba juventud. No fue consciente de que la juventud es esa etapa en la que tienes toda la vida por delante y vuelas en cualquier dirección. No percibió que cuando las arrugas empiezan a asomar, el tiempo empieza a pasar de otra forma, y en él, las arrugas ya estaban marcadas, marcadas por sus vivencias, por sus aciertos, por sus fracasos e incluso por lo que nunca había tenido.

Miró al horizonte, y se dio cuenta de que, la distancia entre el mar y el cielo dependía de, si su mirada la dirigía hacia arriba o hacia el frente. Durante muchos años él siempre había mirado a lo más alto, y el horizonte le quedaba lejos. Pero ahora no, ahora el horizonte estaba a la altura de sus ojos, y pudo comprender que el cielo y el mar se unían en una línea, una fina línea que les juntaba y separaba al mismo tiempo por las diferencias de sus azules. Comprendió que había habido un cambio en su vida, y que era el momento de decidir. Sintió un escalofrío y, por primera vez, el vértigo del paso de los años, y sin dudarlo echó a volar.



(Relato incluido en el libro «La gata del tejado» de Mercedes Aróstegui Fernández de Píñar, de venta en Pepelino)