Sudán lleva tres años con la mayor crisis humanitaria del mundo, por A. Fernández García
Recojo
esta información de las páginas de EL PAIS de los días 15 y 16 de abril de 2026.
Superficie,
2.503.890 Km cuadrados, una población de 52,6 millones de habitantes y un
promedio de vida de 18,8 años.
La
tragedia se originó el 15 de abril de 2023 en Khartun entre dos facciones del
Ejército, que hasta ese momento eran aliadas:
·
Fuerzas Armadas de Sudán (SAF): El ejército regular, liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan.
· Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF): Un grupo paramilitar liderado por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como
"Hemedti".
El detonante: El desacuerdo sobre cómo integrar a las RSF en el ejército nacional
durante la transición hacia un gobierno civil.
Algunos datos nos pueden dar una idea:
4.5
millones se han refugiado en países limítrofes.
Más de
9 millones se han desplazado dentro de Sudán especialmente hacia el Norte y el
Este.
Unos 34
millones, un 60% de la población necesita ayuda humanitaria urgente según la
ONU.
El jefe de la diplomacia alemana
calificó esta ayuda como una “buena señal en un mundo en el que los recursos
humanitarios se reducen”. La propia Alemania, como “uno de los mayores
contribuyentes a la ayuda humanitaria para la población de Sudán, tomará
la iniciativa” y destinará este año más de 230 millones de euros al país,
incluidos los 20 millones del Ministerio de Desarrollo, para poder hacer frente
a la “apocalíptica situación humanitaria”. “Y, por supuesto, lo acompañamos
con la petición de que todos los demás actores también asuman su
responsabilidad humanitaria. Hay motivos para esperar que esta petición sea
escuchada a gran escala”, agregó.
En total, la comunidad internacional
solo ha aportado hasta el momento el 16% de la financiación humanitaria
necesaria para cubrir las necesidades más básicas de Sudán este año, en un
momento en que la crisis en Irán sigue acaparando los canales diplomáticos y la
atención mediática. El año pasado, del plan de ayuda humanitaria, que se cifró
en 4.200 millones de dólares (3.560 millones de euros), solo se cubrió en un
39,5%.
Los participantes en la Conferencia Internacional
sobre Sudán, celebrada el 15 abril en Berlín, posan para la foto de grupo en el
Ministerio Federal de Asuntos Exteriores
Las
muertes no son solo por la guerra, lo son también por las enfermedades,
especialmente por el cólera, y la
hambruna. De hecho, el hacinamiento y la falta de agua y la consiguiente falta
de higiene está dando lugar a brotes del cólera, sarampión, hepatitis E,
dengue…
Acaso el efecto más
devastador de la guerra es el colapso del sistema de salud del estado; los
hospitales y centros de salud han recibido 200 ataques y saqueos.
“Cuando regresamos, la
destrucción era inmensa. Apenas podíamos andar por las calles, el caos era
absoluto”, cuenta el joven de la
foto. Ahora, este joven ha decidido contribuir a la reconstrucción de la ciudad
como voluntario. No lleva chaleco, ni luce ningún logo, ni tiene detrás una
organización. “Este negocio,
por ejemplo, no es mío. Sin embargo, ayudo porque quiero contribuir a la
reconstrucción y a la rehabilitación de mi país y así volver a la normalidad.”
Edificio con restos de metralla, el 11
abril, en Jartum.
Los retos siguen siendo abismales. En 2026, 33,7 millones de personas
necesitan asistencia humanitaria, la cifra más alta del mundo, lo que
representa un aumento de 3,3 millones con respecto a 2025, según los datos de
Naciones Unidas.
Aun así, el plan de respuesta humanitaria para 2026, lanzado en
febrero, cuenta con poco más del 15% de la financiación necesaria —en 2025,
solo se cubrió el 39,5% de las necesidades más básicas—, lo que continúa
limitando la asistencia para salvar vidas. Coincidiendo con el tercer
aniversario de la guerra, la comunidad internacional reunida en la Conferencia
de Berlín acaba de prometer 1.500 millones de
euros para frenar la “catástrofe humanitaria”.
El Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió hace unas
semanas un embargo internacional de armas para Sudán, como medida urgente para
frenar los crímenes en el país. Una exigencia calificada por Wadephul como “acertada”
al ser preguntado al respecto. Sin embargo, reconoció que “el problema, como ocurre en
general en este conflicto, es cómo aplicarlo en la práctica”.
Los dos bandos contendientes, que privan a los
civiles de lo más necesario para la subsistencia, hasta el punto de usar el
hambre como arma; en cambio se permiten el uso y abuso de drones en sus
enfrentamientos y frente a la población civil e indefensa.




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