viernes, 22 de mayo de 2026

ECO.90 MUJERES DE ARMAS TOMAR (y III)

Mujeres de armas tomar (y III), por Ildefonso Arenas


(continuación)

 

La Women Section de Miss Gower, que no debió de ser en cuanto a talante y determinación muy distinta de Mrs Tatcher, se desarrolló a creciente velocidad. En abril de 1940, al invadir Alemania la indefensa Noruega, se vio claro que la phoney war o guerra de broma tenía los días contados. Ahí se incorporaron 16 mujeres más.

Las 16 del segundo grupo


Las 24, 25 con la Gower, oscilaban entre los 22 y los 39 años, eran solteras o casadas sin hijos, y pronto se vio que tendían a estrellarse bastante menos que los hombres, por estar no sólo en buena forma sino por ser más jóvenes, y por ver muy bien y no faltarles ningún miembro (al término de la guerra las muertas en accidente aéreo eran 16, de las que sólo 10 estaban a los mandos, lo que venía a significar el 6% del total de las chicas del ATA; en contraste, los pilotos del ATA que perecieron a los mandos de su aviones fueron casi 200, de un total ligeramente superior a 1500). Aun así seguían sin permiso para volar en pantalones, de modo que a más de una se le congeló su yo más íntimo, y de acercarse a los aviones de combate, ni hablar. Ahí vino Hitler a echarles una mano, en lo que se dio en llamar ‘Battle for Britain’

Battle for Britain

 

El día de mayor violencia, con todo lo que podía enviar Göring volando en continuas misiones sobre el sur de Inglaterra, y todo lo que podía oponer Dowding despegando hasta ocho veces en el día, con un balance final de 28 cazas británicos perdidos contra 56 aviones alemanes que no regresaron a Francia, Churchill quiso saber con cuántos pilotos se contaba para reponer los Spitfires y los Hurricanes derribados. Al escuchar que solamente los pocos que podría ofrecer un ATA desbordado preguntó si ésos incluían a las Attagirls. Al oír que no se contaba con ellas para pilotar esos aviones bramó que el Reino Unido de ningún modo podía prescindir de un activo tan valioso por ridículas convicciones machistas, y mandó que se las tuviera en cuenta para todos los servicios. 

Esperando para volar en Whit Waltham

 

Así, pocas semanas después, una de las First Eight, Winnie Crosley (una de las diez que se mataron), despegó con un Hurricane demostrando hasta la saciedad que ningún hombre lo haría mejor. Igual, sin duda. Mejor, jamás.

Primer vuelo con Spitfire


Hasta ese momento las Attagirls habían tenido que soportar toda clase de críticas, desconfianzas y asechanzas, por la única y simple razón de hacer pipí sentadas. Un tipo ciertamente influyente, un tal CG Grey, anterior editor de Aeroplane, una publicación muy popular en el UK, tras explicar que ATA significaba en el caso de las AttagirlsAlways Terrified Airwomen’, o Aviadoras Siempre Aterrorizadas, se permitió advertir al pueblo británico desde las páginas de Aeroplane de la gran amenaza que supondría para el país confiar un enorme bombardero cuatrimotor a una mujer carente de la inteligencia necesaria para fregar el suelo de un hospital o cocinar la cena de su marido. A eso, una de las 16 que vinieron después de las First Eight, la que con el tiempo quizá llegase a ser la más conocida y venerada de las Attagirls, Eleonor Lettice Curtis, respondió con un flemático y displicente, del tipo cejas levemente arqueadas y párpados medio caídos, ‘si los gilipollas volasen los Spitfire llevarían bocina’, lo que provocó carcajadas estruendosas a lo largo y a lo ancho de la Gran Bretaña. 

Bombardero pesado Lancaster

 

Una vez fue del dominio público que las Attagirls llevaban y traían a todas partes no sólo Spitfires y Hurricanes, sino Lancasters, Stirlings, Halifaxes, Liberators, Typhoons y Tempests, así como los Mustangs americanos (y ya cobraban lo mismo que los pilotos machos, 350 libras al año más unas primas mensuales de entre 15 y 45), las últimas voces que hablaban no desde los cerebros, sino desde las braguetas, descansaron en paz, al fin. 


Así llegó el 30 de noviembre de 1945, día en que tras una pesadísima ceremonia, de lo más británica, el ATA se disolvió. A las 16:30, la hora en que se ponía el sol en el Berkshire, Audrey Sale-Barker, una belleza estatuaria, majestuosa, de las 16 del segundo grupo, arrió la bandera del ATA. Una bandera que aún gualdrapea en la memoria de los británicos bien nacidos.




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