Mujeres de armas tomar (y III), por Ildefonso Arenas
(continuación)
La Women Section de Miss Gower,
que no debió de ser en cuanto a talante y determinación muy distinta de Mrs
Tatcher, se desarrolló a creciente velocidad. En abril de 1940, al invadir
Alemania la indefensa Noruega, se vio claro que la phoney war o guerra de broma
tenía los días contados. Ahí se incorporaron 16 mujeres más.
Las 16 del segundo grupo
Las 24, 25 con la Gower,
oscilaban entre los 22 y los 39 años, eran solteras o casadas sin hijos, y
pronto se vio que tendían a estrellarse bastante menos que los hombres, por
estar no sólo en buena forma sino por ser más jóvenes, y por ver muy bien y no
faltarles ningún miembro (al término de la guerra las muertas en accidente
aéreo eran 16, de las que sólo 10 estaban a los mandos, lo que venía a
significar el 6% del total de las chicas del ATA; en contraste, los pilotos del
ATA que perecieron a los mandos de su aviones fueron casi 200, de un total
ligeramente superior a 1500). Aun así seguían sin permiso para volar en
pantalones, de modo que a más de una se le congeló su yo más íntimo, y de
acercarse a los aviones de combate, ni hablar. Ahí vino Hitler a echarles una
mano, en lo que se dio en llamar ‘Battle for Britain’.
Battle for Britain
El día de mayor violencia, con
todo lo que podía enviar Göring volando en continuas misiones sobre el sur de
Inglaterra, y todo lo que podía oponer Dowding despegando hasta ocho veces en
el día, con un balance final de 28 cazas británicos perdidos contra 56 aviones
alemanes que no regresaron a Francia, Churchill quiso saber con cuántos pilotos
se contaba para reponer los Spitfires y los Hurricanes derribados. Al escuchar
que solamente los pocos que podría ofrecer un ATA desbordado preguntó si ésos
incluían a las Attagirls. Al oír que no se contaba con ellas para
pilotar esos aviones bramó que el Reino Unido de ningún modo podía prescindir
de un activo tan valioso por ridículas convicciones machistas, y mandó que se
las tuviera en cuenta para todos los servicios.
Esperando para volar en Whit Waltham
Así, pocas semanas después, una
de las First Eight, Winnie Crosley (una de las diez que se mataron),
despegó con un Hurricane demostrando hasta la saciedad que ningún hombre lo
haría mejor. Igual, sin duda. Mejor, jamás.
Primer vuelo con Spitfire
Hasta ese momento las Attagirls
habían tenido que soportar toda clase de críticas, desconfianzas y asechanzas,
por la única y simple razón de hacer pipí sentadas. Un tipo ciertamente
influyente, un tal CG Grey, anterior editor de Aeroplane, una publicación muy
popular en el UK, tras explicar que ATA significaba en el caso de las Attagirls
‘Always Terrified Airwomen’, o Aviadoras Siempre Aterrorizadas, se
permitió advertir al pueblo británico desde las páginas de Aeroplane de la gran
amenaza que supondría para el país confiar un enorme bombardero cuatrimotor a
una mujer carente de la inteligencia necesaria para fregar el suelo de un
hospital o cocinar la cena de su marido. A eso, una de las 16 que vinieron
después de las First Eight, la que con el tiempo quizá llegase a ser la más
conocida y venerada de las Attagirls, Eleonor Lettice Curtis,
respondió con un flemático y displicente, del tipo cejas levemente arqueadas y
párpados medio caídos, ‘si los gilipollas volasen los Spitfire llevarían
bocina’, lo que provocó carcajadas estruendosas a lo largo y a lo ancho de
la Gran Bretaña.
Bombardero pesado Lancaster
Una vez fue del dominio público
que las Attagirls llevaban y traían a todas partes no sólo Spitfires y
Hurricanes, sino Lancasters, Stirlings, Halifaxes, Liberators, Typhoons y
Tempests, así como los Mustangs americanos (y ya cobraban lo mismo que los
pilotos machos, 350 libras al año más unas primas mensuales de entre 15 y 45),
las últimas voces que hablaban no desde los cerebros, sino desde las braguetas,
descansaron en paz, al fin.
Así llegó el 30 de noviembre de
1945, día en que tras una pesadísima ceremonia, de lo más británica, el ATA se
disolvió. A las 16:30, la hora en que se ponía el sol en el Berkshire, Audrey
Sale-Barker, una belleza estatuaria, majestuosa, de las 16 del segundo
grupo, arrió la bandera del ATA. Una bandera que aún gualdrapea en la memoria
de los británicos bien nacidos.






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