Derechos humanos (XXX), por A. Fernández García
(continuación)
Artículo. 29
1. “Toda persona tiene deberes respecto
a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su
personalidad.”
Nuestro desarrollo como personas
se realiza en contacto con los demás, como seres sociales que somos,
respetándonos, ayudándonos, colaborando entre nosotros; y debemos hacerlo, como
piden estos derechos, sin prejuicios por razón de lengua, credo religioso,
ideas políticas, color de piel, nacionalidad o lugar de origen.
Nuestra Asociación Recreativa,
Deportivo Cultural Torre de Santa Elena acoge a personas de unas veinte
nacionalidades diferentes y nuestras actividades tienen por objeto la
convivencia amistosa entre todos nosotros.
Es muy de lamentar que un partido
político, para apoyar la gobernabilidad de una determinada comunidad autónoma
imponga la exclusión de estos derechos.
2. “En el ejercicio de sus derechos y
en el disfrute de libertades, toda persona estará solamente sujeta a las
limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el
reconocimiento y el respeto de derechos y libertades de los demás, y de
satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bien
general de una sociedad democrática.”
En este apartado se nos expone el
amplio abanico de libertades de las que gozan las personas; sólo tienen las
lógicas limitaciones debidas a la moral pública, el orden público y del
bienestar general como corresponde a una sociedad democrática. Y la nuestra lo
es; reitero, una vez más, que a España se le sitúa en el nº25 del ranking
mundial de los 143 de los países evaluados.
3. “Estos derechos y
libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los
propósitos y principios de las Naciones Unidas”.
Este apartado viene muy bien en
la actualidad. Eso no quiere decir que no viniera igual o más en otras épocas
de igual manera. Es muy significativo que Estados Unidos, un estado fundador y
firme promotor de las Naciones Unidas y de los derechos humanos, se los salte
de esa manera, o haga caso omiso, por voluntad de una sola persona.
No es menos sorprendente que el
estado de Israel, también por voluntad de una persona, de una manera
escandalosa, que se puede calificar de genocidio, incumpla estos derechos
humanos. Parece olvidar los muchos momentos de su larga historia en que los
haya sufrido en su piel. Señor Netanyahu, usted repite muchas veces que cesará
en su atroz violencia cuando acabe con sus enemigos. ¿De verdad se lo cree
usted? Yo, al contrario, pienso que usted genera enemigos y odio al pueblo de
Israel para varias generaciones. Yo, por supuesto, no se lo deseo a ese pueblo.
(continuará)
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