miércoles, 21 de enero de 2026

ECO.88 Y TRAS VENEZUELA ¿QUÉ?

Y tras Venezuela ¿Qué?, por José Luis Mozo

A los americanos (del norte) no les gusta nada que les monten las fiestas en sus mismas narices. Han ganado (e incluso perdido) guerras, de preferencia a miles de kilómetros. La fiesta de Maduro estaba muy cerca y duraba mucho. Aunque medio mundo se mostrara altamente sorprendido por su desenlace, al otro medio nos ha sorprendido menos.

Ahora había que preguntarse si realmente éste es el desenlace o quedan aún sorpresas. Se me ocurre echar una ojeada a los precedentes históricos, que no son pocos. Elijo el que alarmó algo el mundo (menos de lo que debería haberse alarmado) y otro que pasó sin consecuencias.

En el primer caso, líder indiscutible, está la crisis de los misiles de Cuba. El sistema de defensa estadounidense llegó a activar el DEFCON2. Significaba que la “disuasión nuclear” (fundamento de la guerra fría) podía convertirse en cualquier momento en la “hecatombe nuclear”, o sea, el apocalipsis. Antecedente: en 1960-1961 los norteamericanos habían instalado misiles nucleares de medio alcance en Incirlik (Turquía), en las mismas barbas de Rusia, 1800 kilómetros amenazando a Moscú. Aviones espía americanos U-2 cruzaban impunemente territorio ruso a gran altitud, suficiente para fotografiar con detalle posiciones de su adversario pero excesiva para las posibilidades del sistema antiaéreo ruso. En aquellas fechas, por fin, consiguieron derribar el primer U-2. Algún mal consejero debió pensar que con tal hazaña quedaban a salvo de los vuelos espías. Mientras tanto, los patriotas cubanos que habían huido a Estados Unidos piden con insistencia la intervención a Washington para recuperar Cuba, petición con la que simpatizan varios generales yanquis. En una operación cosmética difícil de entender, el presidente Kennedy decide que desembarque primero un contingente de mil cuatrocientos antirrevolucionarios cubanos, para dar la sensación de reconquista patriótica. Tras ellos, ya irá el séptimo de caballería a consolidar la invasión.

La operación aérea de preparación previa es una verdadera chapuza. Apenas logran dañar algunos aviones viejos, carne de chatarra. Kennedy ordenar suspender el ataque y retirar del escenario a todas sus fuerzas. El almirante jefe naval de la invasión, Arleigh Burke, grita a su presidente: “¡Nosotros llevamos a esos hombres a esa playa y nosotros tenemos que sacarlos de allí!” Kennedy debió balancearse en su mecedora y silbar “The Star-Spangled Banner”. Los mil doscientos supervivientes acorralados en la playa Girón por 15000 efectivos militares castristas tuvieron que rendirse y ser presa de un futuro difícil de saber pero fácil de suponer.

Así, en 1962 el mal aconsejado gran jefe soviético Nicolái Jrushchov, que en 1958 había conseguido juntar las jefaturas del partido y del gobierno en su persona, decidió instalar misiles nucleares en Cuba, a 100 millas náuticas de la costa estadounidense, la décima parte de la distancia con la que Incirlik amenazaba a Moscú. Los americanos tardaron en enterarse menos de un suspiro. El presidente Kennedy ordenó bloqueo naval absoluto de la isla para que los transportes soviéticos no pudieran descargar más material de guerra. Moscú ordenó el envío de cuatro submarinos de última generación equipados con torpedos nucleares. Uno de ellos, el B-59, fue localizado y acorralado por la armada yanqui. En La Habana, Fidel Castro pretende exigir a la URSS que apriete el botón nuclear aunque ello cueste la destrucción completa de Cuba. El guerrillero Ernesto Guevara, apodado “el Ché”, escribe: “Ejemplo escalofriante el de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimientos a sociedades nuevas”. Muy dudoso que al pueblo cubano se le pidiera opinión al respecto y más que pudiera ser positiva. A la propia censura castrista le debió parecer excesivo. El escrito durmió años en un cajón y vio la luz con el Ché muerto.

Entre tanto, el capitán del B-59 Valentín Savitsky, primer oficial al mando, decidió esconderse en la profundidad silenciosa del mar. Pero con tanto silencio le dio por pensar que la serenata se había iniciado y no quería perderse ni un compás, así que ordenó armar sus cabezas de destrucción masiva. Sin embargo, el protocolo soviético exigía el consenso de los tres primeros oficiales antes de lanzar. El segundo, Iván Maslennikov, era más bien un comisario político, que no quiso contrariar a su capitán. Pero el tercero, Vasili Arkhipov, oficial militar, se negó en rotundo, sufriendo con toda firmeza el acoso de sus dos supuestos superiores durante treinta y cinco inacabables minutos, tras los cuales se aceptó salvar al mundo del apocalipsis. Miles de millones de personas le debemos, no sólo haber nacido, sino conocer el mundo tal como es hoy. Y ninguno como él mereció en la historia el premio Nobel de la Paz, para el que nunca fue ni candidato. Un criminal antecesor y compatriota suyo, Iósif Stalin, lo había sido varias veces.  

Jrushchov determinó marginar a Castro y entenderse vis a vis con Kennedy. La decisión que la parte sensata del mundo esperaba era que los misiles de alcance medio se retiraran de Turquía y no se instalaran los de Cuba. Eso fue lo que ofrecieron al mundo, escondiéndole los anexos del alto secreto. Aquello no acabó con la tensión ni con la guerra fría, pero sí con su peor momento: el de la humanidad a punto de extinguirse.

En el extremo contrario de esta balanza estuvo Manuel Antonio Noriega, títere de la CIA, que llegó a dictador de Panamá y entendió que el mejor modo de enriquecerse a lo grande era la cocaína. Se hizo amigo del cártel de Medellín. La CIA andaba metida en sus cosas y no se preocupaba de estas pequeñas flaquezas, pero en 1989, tal vez vinculado a las consecuencias del derrumbe de la URSS, resolvió prescindir del títere. Noriega debió creerse que era el amo de Panamá e hizo frente a la CIA. En un breve plazo, Panamá fue invadido y Noriega capturado, juzgado y condenado a permanecer entre rejas hasta que hubiera cumplido los 96 años. En el 2008 los norteamericanos se plantearon para qué necesitaban un preso incómodo, costoso y olvidado desde largo tiempo atrás. Lo excarcelaron con el pretexto de buena conducta. Pero no lo pusieron en la calle, sino extraditado a Francia, a un nuevo juicio por blanqueo de capital. En 2011 lo enviaron a Panamá, donde también tenía cuentas pendientes, aunque llegó en un deplorable estado de salud y las autoridades locales lo dejaron en arresto domiciliario. Murió a la edad de 83. Ni alcanzó los 96 ni su largo y triste final le importó a nadie.

Donald Trump ha recibido una ovación de gala por parte de los que querían sacar al tirano de Caracas, aunque la gran pregunta está ahí: “y ahora, ¿qué?”. El asunto Maduro apunta más a un Noriega que a un apocalipsis, pero entonces llega el señor Trump y participa su intención de repetir en Groenlandia. Esto sí que me lo tienen que explicar despacio para que una inteligencia media-baja como la mía lo pueda entender. ¿Hablamos de invadir territorio danés? Dinamarca y USA son socios fundadores en la defensa del Atlántico Norte, de una organización llamada NATO, que tiene obligación de defender militarmente a Dinamarca si es atacada. ¿Qué va a hacer Estados Unidos? ¿Se va a declarar la guerra a sí mismo? O simplemente deshacer la NATO esperando que la Unión Europea se deshaga a sí misma, algo a lo que yo tristemente apuntaba en mi artículo del número 83 de esta publicación (abril 2025, relean) titulado “La Europa que se deshace”, víctima de la indiferencia y escepticismo que la propia Unión ha sembrado en sus 450 millones de habitantes, con 27 países que van desde el peso medio al evanescente y que por sí solos no representarían nada en el mundo de los nuevos imperios: China, Rusia y Estados Unidos. Y no nos peleemos entre nosotros por escoger nuevo amo, porque tal vez esa decisión ya se ha tomado entre ellos.

Y me permito recordar que la vacilante política exterior del gobierno español en los últimos 20 años nos ha llevado, en esa categoría, al peso más evanescente. El grupo de Puebla, que agrupa a políticos de izquierda radical de los países iberoamericanos, tiene muchos representados de la región, que lo están con todo su derecho y oportunidad, pero de Europa sólo hay uno. No les pido que adivinen cuál es porque seguro ya lo saben. ¿Consecuencia? Después de 60 años de alianza estratégica, España ha perdido el favor de Estados Unidos que se ha vuelto hacia Marruecos, donde los han recibido con cariño e ilusión.

Si lo de Groenlandia va adelante, apunten en la lista a Ceuta, Melilla y Canarias, que están en la cola.


 



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