miércoles, 21 de enero de 2026

ECO.88 NO ME GUSTA... EL FANATISMO

No me gusta... el fanatismo, por Paco Acosta

 

NO me gusta el fanatismo en general. Sobre todo porque supone “el defender a ultranza la superioridad de lo propio -su verdad es absoluta e innegociable-, sobre lo del otro (o de los otros)”, hasta el punto de no admitirles “nada” e incluso llegar a provocar un enfrentamiento directo. 

La definición de fanatismo de la RAE: “Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”. Dicho de otra forma, la de Wikipedia: El fanatismo es la pasión o actividad manifestada de manera desmedida, irracional, y tenaz de una religión, idea, teoría, cultura, estilo de vida, persona, celebridad o sistema”, entre otros… Viene a ser lo mismo, pero añade lo de Irracional. 

Y todos los que tienen una actuación irracional, dejan de ser personas... Hay que tener en cuenta que el fanatismo prospera en entornos que ofrecen seguridad y pertenencia, a cambio de la anulación del pensamiento individual. 

NO me gustan los hooligans, los aficionados violentos y agresivos del fútbol, fanáticos de un club deportivo, que participan en actos de vandalismo, peleas y otras actividades delictivas, tanto antes como durante y después de los partidos. Tampoco me gustan aquellos que sin llegar a tanto, aplauden y se regodean con las jugadas violentas de sus jugadores. 

NO me gustan los fanáticos aficionados (al fútbol y a otros deportes de competición), los “aparentemente pacíficos” en lo físico, pero que en su fanatismo desean toda suerte de desgracias al club rival… Son los “aficionados anti”, que más que disfrutar con las buenas jugadas de su club, se alegran de los fallos de los contrarios (y los ansían) … 

NO me gustan los talibanes de cualquier religión.  Sí, ya sé que la palabra talibán se refería inicialmente a los integristas musulmanes, pero yo lo extiendo a los integristas de cualquiera de las religiones, que son fanáticos intransigentes con las creencias de los otros, o incluso las desprecian o las combaten abiertamente. Todos tenemos clara la imagen del fanático religioso que persigue a los herejes... 

NO me gusta el nacionalismo exacerbado o excluyente. Estos nacionalistas son ciertamente fanáticos. Y no me estoy refiriendo a ser un “acérrimo entusiasta de su terruño” -entusiasmo que puede ser saludable si respeta los límites y la existencia de otras opciones-. Por el contrario, el fanático nacionalista vive por y para su causa, que considera un bien supremo. 

NO me gustan los extremistas en la política, aquellos que paralizan el diálogo democrático y promueven la polarización; aquellos que impiden cualquier compromiso con el partido contrario; aquellos que no aceptan el pluralismo; aquellos que -con actitudes autocráticas o hasta dictatoriales- pretenden silenciar, excluir, erradicar, eliminar y destruir a los oponentes (a los que considera enemigos); aquellos que presentan una adhesión incondicional y acrítica a “su grupo”, incapaces de cuestionar la base de su creencia; aquellos que demonizan al oponente, a los que piensan diferente; aquellos que incluso llegan a legitimar el uso de la coacción, la intimidación y hasta la violencia física o verbal para defender o propagar su causa. 

Me he explayado bastante con el fanatismo político tan de actualidad ¿porqué será?, y al releer lo que he puesto me doy cuenta que todo eso es plenamente aplicable a todos los fanatismos… Y NO me gustan



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