miércoles, 21 de enero de 2026

ECO.88 RESTOS ARQUEOLÓGICOS CELTÍBEROS

Restos arqueológicos celtíberos, por A. Fernández García


A las afueras de un pequeño municipio soriano, que hoy tiene 250 habitantes, se han encontrado dos estelas funerarias de guerreros celtíberos, que parecen situarse entre finales del siglo II o principio del siglo I a.d.C. Es sorprendente que estos restos estuvieran guardados en una nave agrícola de Borobia en 1971. De allí fueron trasladados al Museo Numantino de Soria. En 2024, juntamente con algunos fragmentos hallados más tarde, fueron analizados por varios investigadores del Instituto de Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza. Sus conclusiones se publicaron en la revista “Archivo Español de Arqueología”. Se trata de una estela epistológrafa latina que procede de la Virovia celtibérica. 

Los estudios dan a entender que pertenecen a una lápida y representar a guerreros celtíberos (tropas auxiliares romanas) del oppidum, ciudadela fortificada de Virovia. Se comprueba que existió esa ciudad debajo de la actual Borobia por algunas monedas de su ceca.



La ciudad celtibérica tras un expolio de tres décadas muestra la estela fragmentada que se ha podido completar; medía unos 140 centímetros; tiene forma de paralelepípedo y fue trabajada por las dos caras. En ambas, muestra sendos jinetes: uno de ellos portando una lanza que apoya en el hombro. En uno de los lados se lee la inscripción: “Para Sempronio Aninio, hijo de Aplonio, Carisio Ambato con su dinero lo pagó”; y en el otro, “Para Lucio Sempronio Ambato, hijo de Aninio se encargó de hacerlo”.

Según los autores del estudio (los doctores Marta Chordá Pérez, Borja Díaz Ariño y Alberto Jiménez Carrera), la lápida “combina elementos claramente latinos e indígenas”. En varias de las catas arqueológicas en el castillo de Borobia, en completa ruina en 2018 en niveles muy alterados por la adecuación en época medieval se hallaron algunos materiales cerámicos celtibéricos que muestran la existencia de un poblado antiguo. Frente al castillo hay un cerro, El Cabezo, de una hectárea, lugar idóneo donde en los antiguos construían sus asentamientos, reforzando su defensa con murallas y fosos.

Los guerreros a caballo, tal como se ven en las lápidas pueden considerarse arraigados de las poblaciones autóctonas del valle del Duero y el sistema ibérico en aquella época, que nuestros expertos situaron entre finales del II y principios del I a.d.C. Les consta que antes de sus investigaciones habría habido muchas excavaciones clandestinas. La iconografía del jinete con lanza debió ser habitual de las élites guerreras de la celtibérica hispana a finales de la Edad de Hierro, siglo II a.d.C..



El icono de un jinete, seguido de un sirviente a pie, se hizo muy popular en las estelas funerarias de militares de caballería desplegados en los límites del imperio.

Como los que encargaron las lápidas y los fallecidos no guardaban lazos familiares ―sus apellidos (praenomen, cognomen) no coinciden―, los expertos creen que se trata de “compañeros de armas que encargaron las ceremonias fúnebres de sus colegas muertos”.

El conjunto epigráfico recuperado en Borobia hace pensar que se trata de una zona de singular importancia estratégica en la Antigüedad, “ya que se encontraba en la ruta que comunicaba las ciudades de Bilbilis [Calatayud] y Numantia [Soria], permitiendo el acceso desde el valle del Jalón a la cabecera del Duero y, además, disponía de una notable riqueza minera con evidencias de haber sido explotada desde la Edad del Hierro”.

 







No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se ruega NO COMENTAR COMO "ANÓNIMO"