La Purísima y el Milagro de Mazarrón (VII), por Paco Acosta
(continuación)
“Vino el Moro en el concierto,
y dándole bastimento para ocho días, lo comboyó hasta la Marina; donde dentro
de cinco días descubrió Embarcación Argelina, y á los once arribó á su tierra.
Publicóse en Almazarron el
caso, y todos reían la bondad del buen Juan de Peñas, fundados en la
experimentada ojeriza de los Moros, en cuya perfida Secta, es acto de Religion,
ser perjuros con los Christianos. No se vió en el noble pecho de Mamí tan civíl
correspondencia; pues luego que llegó á Argél, inquirió el dueño del cautivo, y
recurriendo á la Justicia, le obligó á la venta, por no querer deshacerse del
Christiano, por ningún dinero. Aprecióle aquel Tribunál en doscientos ducados,
y pagandolos Mamí promptamente, al punto lo remitió á Almazarron en un Vagél,
que salía para aquellas costas, donde desembarcó con felicidad. Los dos
primeros Amos que tubo Mamí en su passada desgracia, padecieron la misma, que
él; pues ambos fueron Cautivos, aunque por distintos Piratas. Juan de
Valderrama fue conducido á Argél, y luego que llegó á noticia de su antiguo
Esclavo, pagó su rescate en agradecimiento de su buen trato, que le habia dado
en el tiempo de su esclavonía, y lo despachó á España.
Mejor fortuna tubo Pedro
Romero; poque el Vagél en que iba cautivo lo apressaron nuestras Galeras,
libertandose de las contingencias de caer en manos de Mamí, que puede ser lo
solicitasse, para pagarle en la misma moneda el cruel tratamiento, que le
debía.
Ha sido conveniente referir
con alguna extension los sucessos de este Moro, para que con las noticias de
genio agradecido, se comprehenda mejor el siguiente caso.
Uno de los mas célebres
Cossarios de aquel tiempo era el Arráez Morato, cuyo nombre tenia horrorizadas
las costas de España; porque compitiendose en él la astucia, osadía, y fiereza,
cargó sobre la cervíz de innumerables Christianos, el triste yugo del
Cautiverio. Determinó tomar satisfacció de los agravios, que su barbara Nació
habia recibido de los Vezinos de Almazarron; gente de genio belicoso, y que
mira á esta Canalla con inexorable ojeriza.
Con este arrogante designio armó siete Galeras con bastante Chusma, y pertrechos Militares, y dirigió sus Proas ácia aquella Costa, para saqueár, y cautivar toda la Villa. Entre los Moros principales, que embarcó en su compañia, para esta expedicion, fue uno Mamí; que como práctico en el país, podría introducir la gente para el assalto, sin nota de los Vecinos.
Sabado en la noche el dia diez
y seis de Octubre del año seiscientos y ochenta y cinco, saltaron en tierra
quinientos hombres de armas, en un sitio llamado Calnegre. No
ignoraba Mamí la debil situacion de la Villa, su corto Vecindario, y sin mas
presidio, que dos Castillos, tan decrépitos, y nada guarnecidos, que apenas
coservaban el nombre de lo que fueron. Pero como en un generoso corazon nunca
llegan á encanecerse los beneficios, agradecido al buen passage que le habian
hecho sus moradores, cuando cautivo, quiso en esta ocasion favorecerlos. Con
este fin, propuso á Morato lo dificil de la empressa, poderandole que su gente
era poca, la tierra desconocida, el Lugar muy proveído de gente armada, y
valerosa, y que en defensa de la Patria, y libertad, no hai pecho cobarde, que
no se abrasse en coleras de Tigre. No desistió Morato, por esta vigorosa
representacion, de su yá empeñado encono; y assi mandó marchar la gente, hasta
que hicieron alto cerca del Lugar, donde formó la Tropa, destacando dos Espías,
que diessen vuelta á la Poblacion, para reconocer su estado. Aquí esforzó Mamí
su propuesta, añadiendo, que era temeridad, no admitirla; porque el Lugar tenia
hasta mil Vezinos, mas de cien Cavallos de Guerra, con muy diestros Ginetes.
Estando en esta conferencia
tocó la Campana de la Vela el Quarto del Alva, con golpes tan presurosos, como
cuando se toca á rebato: cuya novedad se originó de la ignorancia, que padecía
del modo de tocarla, el que se encargó de este ministerio, aquella noche, por
ocupacion del que le incumbía en propriedad. Al mismo tiempo, á un vezino
llamado Andrés Muñoz, se le huyeron dos Muletas, que tenia con pretáles de cascabeles,
y despavoridas se encaminaron ázia el sitio, donde estaban los Moros. En esta
sazón llegaron las Espías muy azoradas á dár cuénta á si Gefe, de lo que habian
observado. Uno de los Exploradores, que entendía algo nuestro Idioma, acechó el
ruido, y vozes de una Casa, donde estaban algunos Vezinos de la Villa entreteniéndose
al juego, que llaman de los Cientos; y habiendo oído, que uno de los
jugadores referia hallarse con catorce de Cavallos, como ignorante del
juego, los concibió verdaderos brutos. Regído, pues de esta falsa aprehension,
informó de esta suerte á su Capitan: Señor, no está el Lugar tan facil de
rendir, como pensabamos; pues en una casa he oído decir á uno, que él solo
tenia catorce de Cavallos, y los demás no estarán desprevenidos.
Todas estas casualidades de
funesta representacion ázia los Infieles, por la ignorancia de su origen, y
circunstancias del tiempo, hicieron en ellos la impression correspondiente,
causandoles un pavor tanto mas congoxoso, quanto menos imaginado. Auxiliado
Mamí de la turbacion, y perplexidad, que advertía en todos sus Compatriotas,
esforzando la voz, exclamó assi: Yá, Señor, estamos conocidos; tocan
á rebato; los Cavallos se acercan; semos pocos y en Tierra estraña; los
Enemigos muchos, y en sus Casas; sin duda, que perecemos, por no haberme
creído. Al oír la esquadronada Chusma descripcion igualmente viva que
sucinta, del peligro en que se hallaba, cayó sobre ella tal miedo, que solo la
dexó arbitrio para la fuga; sin que las diligencias del Arráez, para reportarla
surtiessen algun efecto.
Tomaron los Piratas la falda
de la Sierra de Piedra-Malo, y se apartaron una legua de la Poblacion,
llegando atropelladamente á la Cueva de los Lobos; donde esperaban sus
Galeras, con muy diferente fortuna.
A los principios de la fuga,
se les apareció una hermosa Doncella, que picándoles en la Retaguardia, con
ardimiento imponderable, los consternaba á mas desordenada ligereza. Era tan
formidable el espanto, que precipitaba á los Infieles, que perturbándoles la
fantasía, les efigiaba en cada mata un vestigio, y en cada peñasco un Gigante,
que les amenazaba con la esclavitud, ó con la muerte. Para huír con el
desembarazo possible, que les intimaba el resplandor, y denuedo de la incógnita
Amazóna, arrojaron por el camino las armas, y otras prendas de gran valor, que
al amanecer encontró la gente del Lugar, que avisada de un Soldado centinela,
había salido al Campo, en alcance del Enemigo.
Cerca del medio dia vieron los Vezinos á sus Casas, con el sentimiento de no haber dado con la insolente Canalla, por hallarse yá Mar adentro. Y reconociendo aquel beneficio, como efecto de la Piedad Divina, entraron todos en la Parroquia de San Antonio á dár gracias por él, á la Reyna de los Angeles, que con el Titulo del Rosario, se venera en aquel Templo."
(continuará)
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