Constitución Española de 1978 (XXXII), por A. Fernández García
(continuación)
Artículo. 48
“Los poderes públicos
promoverán las condiciones para la participación libre y eficaz de la juventud en
el desarrollo político, social, económico y cultural.”
En las primeras democracias (poder
del pueblo) de la humanidad, Atenas, y la república romana (la cosa pública), los
varones patricios entre los 14 y 16 años recibían “la toga virilis o pura”
y podían “Asistir y participar en los debates del Foro e
intervenir en las asambleas populares (comitia), especialmente
votando”.
Actualmente, en España con esta Constitución,
que además, hace frecuentes referencias a los derechos humanos, de los que es signatario,
no hay diferencias de sexo, mujer, hombre, intermedio; todos son personas, sujetos
de derecho como tales.
Todas las personas, al margen sexo,
lengua, raza, lengua, religión y lugar de procedencia, somos iguales ante la ley
e iguales en derechos.
En lo político se puede decir que
esta igualdad está conseguida, como también en lo cultural; en lo social y económico
siempre hay diferencias. Lo más difícil que tienen los jóvenes es la vivienda; llevamos
decenios con este grave problema; probablemente no se construyen bastantes; pero
lo que se comprueba es que las que se ofrecen son absorbidas por los inversores,
en gran parte nuestros vecinos de Europa.
La juventud es una edad para ilusiones,
iniciativas, proyectos, relaciones, respeto, tolerancia… Todo esto nos debemos exigir
a nosotros mismos antes que exigirlos a los demás. Sepamos que cada persona es la
dueña única de su cuerpo.
Los jóvenes de ambos sexos, sobre
todo a nivel universitario, han sido los innovadores en cualquier país, en el nuestro
fueron los que forzaban el cambio a finales de la Dictadura. Ahora hay un excesivo
grado de fanatismo, intransigencia, intolerancia, ultranacionalismo… Yo, desde joven,
me he sentido ciudadano del mundo; ningún ser humano me es extraño.
Artículo. 49
“Los poderes públicos
realizarán un política de previsión, tratamiento, previsión, rehabilitación e integración
de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención
especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los
derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos.”
Estas personas sólo tienen en común
su condición de padecer una minusvalía; cada minusvalía merece una atención diferente,
específica; un disminuido físico probablemente puede desenvolverse en la vida como
una persona normal en algunas profesiones de oficina y de la informática. Se pueden
desligar los sensoriales de los psíquicos; los primeros se podrían separar cada
minusvalía y darle atención específica.
Lo tienen más difícil los disminuidos
psíquicos, cuando la minusvalía es leve son capaces de desarrollar bastantes labores
asequibles a ellos.
Estoy convencido de esto de lo que
habla se está aplicando ya desde
hace años; sólo falta extenderlo,
ahondar con profesionales capacitados adecuadamente, centros, talleres, material
específico.
Estas personas necesitan apoyo y comprensión.
Por ello, las personas que se dedican a ellos, además de ser profesionales competentes,
es bueno que sean vocacionales. He comprobado desde cerca la entrega de esas personas
vocacionales hacia todo tipo de minusválidos; especialmente, he visto cómo celebran
y disfrutan de los avances de sus alumnos, sobre todo si son más minusválidos, más
profundos. Tengámoslo en cuenta y no lo olvidemos nunca, estos más minusválidos
también son personas, seres humanos y como tales debemos tratarlos siempre.
(continuará)
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