La Tatuana, una leyenda de Guatemala, de hoy y siempre, por Paola Hernández
El relato sucede en la época
colonial, en la ciudad de Guatemala, la capital del país con el mismo nombre y
en un contexto donde la rigurosidad religiosa era alabada al igual que “las
buenas costumbres”, especialmente de las mujeres a quienes se les delegaban
ciertos roles, y se reprimía los acontecimientos místicos acusados de brujería,
sin considerar saberes ancestrales o más bien desconociendo a los antepasados
de esas tierras mayas o garífunas.
En esa época, existió una joven
mulata que según el guatemalteco y premio Nóbel de literatura de 1967, Miguel
Ángel Asturias, era “esclava de un Mercader de Joyas sin Precio”, dando a
entender sobre la naturaleza, la belleza, y a su vez lo exótico que podría ser
esa joven a quien luego le apodaron La Tatuana, y del posible oficio al que
sería expuesta la mujer considerada joya, tal vez por ser demasiado pobre,
joven y aún virgen.
Continuando con el relato del
Nóbel, en una ocasión se acercó un ser, que en realidad era una parte del
Maestro Almendro, quien había dividido su alma en 4 caminos: el blanco como la
paloma, el rojo como el corazón, el verde como las hojas y el negro como la
intriga de la que casi nadie quiere saber; y fue precisamente esta última parte
de su alma negra, la que se asomó al Mercader de Joyas para ofrecerse a cambio
de la joven, pero éste no accedió a darla diciendo orgulloso de ser dueño de
ella: “¡Vales un pedacito de mi alma que no cambiaré ni por un lago de
esmeraldas!”, pues ella era esa joya desnuda, cubierta únicamente por sus
largas cabelleras y su mismo cuerpo mulato que brillaba con el sol.
El Maestro Almendro se retiró a
vagar por la ciudad sin esperanza, sin embargo, esa misma tarde ocurrió una
fuerte tempestad que hizo que el Mercader apresurara el paso de su caballo
mientras volvía a su casa, pero el caballo tropezó y al momento el Mercader de Joyas
cayó debajo de un árbol donde, al instante, recibió el impacto de un rayo y
falleció en el momento. Todo el acontecimiento no parece ningún accidente, pero
ahora fácilmente se podría llamar karma.
Así, la joven mulata quedó sola
en la casa del Mercader, cuya libertad duraría poco, ya que, sabiendo lo
acontecido, recibió la visita del Maestro Almendro, cuyo encuentro fue “como
dos amantes que han estado ausentes y se encuentran de pronto”. Sin embargo, su
encuentro fugaz fue interrumpido al llegar enviados “en nombre de Dios y del
rey”, para aprehenderlos por el crimen cometido contra el Mercader, acusándolo
a él por brujo y a ella por endemoniada. Por lo que ambos bajaron a la cárcel
(que más bien pudo ser un calabozo), y después de 7 meses de espera, se les
condenó a ser quemados en la Plaza Mayor.
Al escuchar la condena, el
“brujo” se apresuró a tatuar un barquito en el brazo de la “endemoniada”, para
que ella pudiera copiarlo nuevamente sobre la pared, y así salir flotando en
él, gracias a los poderes de su virtud; y le susurró: “vas a huir siempre
que te halles en peligro, como vas a huir hoy. Mi voluntad es que seas libre
como mi pensamiento…”, y al hacer esto, en su lugar los guardias no
hallaron más que un árbol de almendro como sello de su amor. De allí el
sobrenombre “Tatuana”, como la tatuada por su libertad.
Hasta aquí la historia de un amor mágico que traspasa el tiempo y la realidad, con la dulzura de los amantes y con la rudeza cruel de los tiempos que no perdonan la historia, pero que dan cuenta de verdades y realidades, que a la fecha se pueden palpar y recordar para construir nuevos caminos, aunque creamos que siempre andamos los mismos. Y, ¿Es que, podemos decidir nuestro andar?, o ¿Es que nuestra libertad depende también del lugar donde nos encontremos? ¡Ojalá! Que siempre seamos libres con nuestro barco de pensamientos.
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