Un movimiento religioso medieval: Beguinas y Begardos (II), por Francisco Mendiguchía
(continuación)
Estas mujeres se reunían en
pequeños grupos en las casas que circundaban la plaza para vivir allí una
experiencia dedicada a Dios, pero sin reglas ni votos, teniendo su culto en una
pequeña iglesia que había en un costado y que hoy es una iglesia presbiteriana.
| Amsterdam - Begijnhof |
Este beaterio fue fundado en 1346 y la única casa que se conservaba de este tiempo era una de madera que databa de 1475. Como tal beaterio desapareció con la Reforma Calvinista que prohibió el culto católico, aunque éste se conservó clandestinamente en una de las casas del mismo.
Hoy se puede contemplar en un
jardincillo una graciosa estatua de bronce de una beguina que se dirige a misa.
No dimos
más importancia al asunto hasta que al comenzar la visita turística a la ciudad
belga de Brujas, otro guía la comenzó por otro beaterio, éste mejor conservado
en su antigüedad, ya que todas las casas son de los siglos XV y XVI. Para
entrar en él pasamos por un puente sobre uno de los encantadores canales de la
ciudad, junto al lago conocido como Del Amor y, al final de él, por una gran
puerta que daba entrada al beaterio. Tenía también una plaza y, en derredor
suya, las casas de las beatas y una iglesia dedicada a Santa Isabel.
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| Puente de entrada al beaterio de Brujas |
Nos
encontrábamos en el Beaterio Principesco de las Viñas cuyo origen se remonta al
siglo XIII. Tenía título de nobleza que le había sido dado por el rey Felipe el
Hermoso y actualmente lo rigen unas monjas benedictinas, a las que vimos
cruzando la plaza para dirigirse a la iglesia para hacer sus rezos. El conjunto
es muy agradable de ver y está muy bien conservado, a pesar de haber sufrido
inundaciones, incendios, el furor iconoclasta de los calvinistas y el saqueo de
los soldados revolucionarios franceses.
| Interior del Beaterio de Las Viñas - Brujas |
Ya no vimos más beaterios, pero
fue porque no nos los enseñaron, pero haberlos claro que los había. En Amberes
hay otro, fundado en 1245, situado entonces fuera de las murallas de la ciudad,
que se llamó Hof van Sion (supongo que algo así como “Casa de Sión”) y que
recibió más tarde el nombre de beaterio de Santa Catalina cuando fue
reconstruido en 1544. También fue saqueado diez años más tarde por las hordas
calvinistas de Maarten van Roseem. La plaza tiene forma rectangular y las casas
de la beatas son de aspecto más moderno que las de Brujas, contando también con
su iglesia correspondiente. En la puerta de entrada puede verse una imagen de
Santa Bega o Begga en piedra.
| Beaterio - Amberes |
Otro beaterio existente en
nuestra gira, y que tampoco nos enseñaron, es el de Gante. Se llama Beaterio de
Santa Isabel y fue fundado en 1242 gracias a las donaciones de Juana de
Constantinopla. Éste también fue reconstruido, pero ya en 1638, lo que se nota
en sus bonitas casas de ladrillo visto con hastiales en escalera, típicos de
estos países.
| Beaterio - Gante |
La última ciudad en la que
estuvimos fue Bruselas y también tenía su correspondiente beaterio que databa
de 1252. Estaba dedicado a San Juan Bautista y se componía de hasta una docena
de pequeñas calles, conservándose hoy una iglesia barroca, construida en 1657,
que se llama precisamente «Iglesia de San Juan Bautista en el Beaterio».
| Beaterio - Bruselas |
Evidentemente los beaterios eran los lugares en los que vivían las beatas, pero ¿Quiénes eran estas mujeres? Pues realmente corresponden a lo que allí se llamaban “beguinas” que son definidas como: “mujeres solteras o viudas que, sin hacer votos eclesiásticos propiamente dichos, llevaban una vida más o menos monástica en el mundo”, o también, “una mujer, que sin ser monja viste hábito religioso y vive sola en su casa o con otras en comunidad”. Asimismo, si buscamos la palabra beaterio en un diccionario español-francés vemos que significa “maison de beguines” y corresponde a lo que en toda Europa se conocía con los nombres de “beguinaje, beguinario o begijnhof”.
Yo, como la mayoría de la gente, no había oído hablar jamás de estas mujeres medievales llamadas beguinas y, sin embargo, constituyeron un movimiento femenino muy importante, prácticamente autónomo, en un tiempo en el que la mujer tenía muy poco que decir en la sociedad y menos aún en la Iglesia.
Las beguinas tuvieron su origen en Bélgica, no se sabe exactamente cómo ni cuándo, pero pronto acusaron su presencia en Malinas, Lovaina, Brujas y Gante. Pronto pasaron a Holanda, algunos de cuyos beguinajes, como el ya citado de Amsterdam, sobrevivieron a la Reforma. Tuvieron también casas en las provincias flamencas de Francia, el rey San Luis las introdujo en París y Felipe de Montmirais las extendió a toda la nación.
Rápidamente pasaron a Alemania conociéndose en Baviera como “Kauffreuern” o como “Valdasse” en Württemberg, aunque las dos principales ciudades alemanas en las que se establecieron las beguinas fueron Colonia y Aquisgrán.
Por el sur llegaron hasta Lombardía donde eran conocidas como “humillatas”, y hasta España en la que recibieron el nombre de “beatas”.
Se dice que la primera fundación de beguinas corresponde a Lieja, ciudad en la que un sacerdote llamado Lamberto de Beghe creó el siglo XIII un centro de recogida de viudas y huérfanas de caballeros muertos en las Cruzadas, aunque no parece que fueran éstas las primeras beguinas.
Menos fiables son aún unos
documentos, perdidos por otra parte, que hablan de fundaciones de beguinas en
1129 y 1152, y hasta de una en 1065, siendo más seguro que este movimiento
femenino comenzara a principios del siglo XIII.
(continuará)

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