miércoles, 22 de abril de 2020

ECO.53 Política, Ética y Religión

Política, Ética y Religión, por A.F.García


Quisiera hacer, en estos modestos renglones, un modesto examen de hasta qué punto deben tener mutua implicación o ir por separado. Vaya por delante que política y religión no deben caminar al margen de la ética y los derechos humanos. En cambio, la sendas política y religiosa no deben condicionarse mutuamente, como tristemente ha ocurrido para mal del género humano.
Al hilo de esto me pregunto si es ético difundir sobre el adversario político acciones o planteamientos que son falsos, no fundados y se es consciente de ello.
Solamente el creador de la vida tiene derecho sobre la vida de otro. Otra cosa es que a quien no respeta los derechos de los demás se le prive de la libertad para evitar que siga haciendo daño a otros.
Debe haber libertad para que cada persona viva según su creencia, que, en ningún caso, debe incluir no respetar los derechos de los demás. Por ello, una religión debe ser tolerada, nunca impuesta, nunca oficial. Cuando las religiones que conocemos como mayoritarias se han hecho oficiales se han convertido en perseguidoras de los ciudadanos que no las siguen.
Yo, creyente cristiano y practicante en la medida de mis fuerzas, a la luz del mensaje evangélico, que procuro conocer bien, no puedo concebir lo que se ha llamado Cruzada ni Santa Inquisición dentro del mismo.
Quien tiene fe y desea vivir según ella no necesita, en absoluto, protección del Estado; solo necesita libertad y tolerancia para hacerlo. Tampoco por su conocimiento necesita una calificación académica u otro premio humano, sino la satisfacción en su conciencia de hacer lo que debe. Eso nada tiene que ver con la justa y necesaria remuneración de un trabajo.
El hacer donaciones a la Iglesia no garantiza la salvación eterna, aunque, en todas las épocas, no pocos clérigos lo hayan proclamado y muchísimos fieles lo hayan creído. Digo que no basta, no digo que la religión no deba mantenerse con la colaboración de sus fieles.
Nuestra Constitución es excelente; pero no se ciñe a la cacareada unidad de la patria, porque, precisamente, la ha definido como una y diversa. Algunos de nuestros monarcas más poderosos se titulaban a sí mismos como “Rey de las Españas”.
Nuestro bello idioma, el castellano, el español a nivel internacional, es uno de los más hablados en el mundo y sigue en expansión. Nada le resta o perjudica, a sí mismo o a España, que comparta suelo patrio con otros idiomas, que en origen son anteriores.
Nuestra Constitución es excelente y abundante en derechos de las personas. Conozcámosla y apliquémosla; no la hagamos pequeña y estrecha de miras o intolerante.

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