miércoles, 22 de abril de 2020

ECO.53 Carreteras en el Mar

Carreteras en el mar, por Rosa Mª Canales Cáceres


A priori el mar nos resulta un medio dinámico y movido sólo cuando vemos el oleaje batir sobre las playas o los cascos de los barcos que se divisan en el horizonte.

Tenemos la suerte de contar con uno de los lugares de la península con más días de calma a lo largo del año. Eso nos puede llevar a pensar que, esos días en los que la superficie marina parece un inmenso espejo salado, todo permanece estático y tranquilo, como si fuera el reflejo de lo que transmite esa superficie en calma. Nada más alejado de la realidad.

Por nuestro querido Mare Nostrum circulan corrientes de agua de distinta densidad, procedentes del vecino océano Atlántico, que sirven de medio de transporte a numerosos organismos marinos con los que tenemos la fortuna (o no) de encontrarnos en una jornada de navegación, buceo en nuestras privilegiadas aguas murcianas o un simple y reconfortante baño en la playa. Gran parte de estos “autoestopistas” marinos forman parte de lo que se conoce como plancton (del griego plagktós: errante), que es ni más ni menos que el conjunto de organismos que viven a merced de las corrientes: desde un alga microscópica hasta una larga medusa de varios metros de longitud. No sólo los organismos sin apenas capacidad de natación son usuarios de estas particulares ayudas a la navegación. Animales más grandes como peces, tortugas y mamíferos marinos las usan para poder ir de una zona a otra del Mediterráneo o del Atlántico, ahorrando energía y encontrando compañeros de viaje y comida.


El ejemplo más evidente que tenemos en nuestra costa es la conocida almadraba, que todos los años se coloca en la punta de La Azohía a la espera de numerosos individuos de melvas, albacoretas, bonitos, lechas y atunes de alto valor económico. Todos ellos usan las corrientes que circulan cerca del cabo en su ruta migratoria y los pescadores son conocedores de este fenómeno desde hace decenas de años.

Uno de los grandes problemas de estos nadadores de larga distancia es la presencia, cada vez mayor, de plásticos y distintos rastros de contaminación en las corrientes. Al igual que el plancton se deja llevar, lo mismo pasa con todas aquellas bolsas de plástico, colillas, envases, globos de feria y demás deshechos que por descuido o no se depositan en playas, ramblas, paseos marítimos… Estos acaban en su mayoría siendo comidos por aves marinas, tortugas y algunos cetáceos (como rorcuales y cachalotes que periódicamente pasan por nuestras aguas), pudiendo tener un fatal desenlace si les tapona el intestino o el estómago. Es por esto que es muy importante ser responsable con nuestras acciones en el entorno natural. Pensemos que es la casa de muchos organismos y que no tenemos derecho a ocasionarles perjuicio por pura pereza o por despiste.


Si sentís curiosidad, tenemos la oportunidad de ver rastros de estas largas y fascinantes corrientes si las oteamos desde lugares elevados, como el faro de Puerto de Mazarrón, la Torre de Santa Elena en La Azohía, los Castillitos de Cabo Tiñoso… Nos pueden parecer simples estelas de grandes barcos, pero seguro que ahora las miraremos con otros ojos y, quién sabe, quizá veamos a alguno de sus marinos usuarios.

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