sábado, 30 de septiembre de 2023

ECO.74 EL QUE VALE, VALE Y EL QUE NO "IA" (I)

EL QUE VALE, VALE Y EL QUE NO "IA" (I), por Juan Miguel Ortiz

 

En los últimos meses los medios de comunicación se hacen eco, día sí día no, de las maravillas y/o peligros de la Inteligencia Artificial. A mí me da el pálpito que en gran medida eso se debe a que los ejemplos que circulan afectan sobre todo al procesamiento de texto, o lo que es lo mismo a la generación de artículos que siembran la duda sobre el futuro de su trabajo en los propios reporteros que nos informan del asunto. ¿Por qué pagar a un humano si una aplicación para ordenador nos puede escribir un artículo incluyendo citas mejores que las del propio humano? 

Pero la realidad es que la Inteligencia Artificial no es la novedad que parece. De hecho, data de hace bastante tiempo. Del orden de un siglo. En 1936 Alan Turing introduce el concepto de “máquina de Turing” y en 1950 en “Computing Machinery and Intelligence” presenta lo que se conocería como “prueba de Turing” que curiosamente en nuestra época de “cis” o “trans” empieza a no tener sentido ya que trataba de establecer si en un diálogo entre sujetos que no se ven, la máquina sería capaz de hacer creer a un humano que es hombre o mujer sin serlo, lo que, de conseguirlo, obligará a admitir que habría demostrado cierta inteligencia. 

No tenemos que ir tan lejos, todavía recuerdo que a mis 10 años, para poder pasar a primero de bachillerato tuve que realizar lo que se llamaba el “examen de ingreso” que esencialmente consistía en escribir al dictado sin faltas de ortografía y en una división con tres cifras en el divisor. Con esto se demostraba suficiente inteligencia para pasar a la enseñanza secundaria. El ordenador con el que escribo acaba de subrayar ortografía ya que se me había olvidado la tilde. Él mismo me ha dado la opción correcta al colocar el puntero sobre la palabra. En cuanto a la división no sólo la resuelve, sino que me calcula el logaritmo neperiano del cociente simplemente poniendo:    = ln (123456/789)   que es 5,05 y otros veinte dígitos decimales que naturalmente, nos ahorraremos. 

Así es que tendré que admitir que es capaz de hacer cosas que a mis 10 años todavía me costaba algún esfuerzo hacer o para el caso del logaritmo ni sabía lo que era. Curiosamente nadie se habrá sorprendido de que una máquina sea capaz de superar con nota el antiguo examen de ingreso, pero casi nadie habría imaginado que esto fuera posible en esa época. 

Años después asistía a una reunión entre profesores y padres de alumnos en la que se discutía si se podía permitir que los estudiantes de primaria utilizasen las calculadoras electrónicas que empezaban a ser de uso habitual. Algunos profesores se sorprendieron cuando planteé que lo que había que hacer era enseñarles a usarlas ya que serían instrumentos de uso tan habitual como el lápiz o el bolígrafo (por cierto, el “boli” sufrió lo suyo hasta que se admitió que podía suplir con ventaja a la plumilla y el tintero en los pupitres). 

Todo esto viene a cuento para hacer ver que la Inteligencia Artificial es algo que empleamos todos los días, aunque no nos demos cuenta o a que, como suele pasar, cada vez que una actividad humana es resuelta mediante inteligencia artificial hablamos de solución “técnica” como, por ejemplo, ha pasado con las calculadoras electrónicas. 

Disfruto de la vida en una región de España en donde cuando un forastero pregunta:

                - ¿Dónde está la Delegación de Hacienda?

Puede recibir como contestación:

                - ¿Dónde estaba la antigua Estación de Autobuses? Pues enfrente.

Ni que decir tiene que la siguiente pregunta habría sido sobre los autobuses y así sucesivamente. 

Bien, ahora tengo un teléfono en el que pongo “Delegación de Hacienda” pulso en “cómo ir” y me ofrece un mapa con el camino marcado según que quiera ir andando, en transporte público o en mi coche. ¿Es esto Inteligencia Artificial? 

La conclusión a la que quiero llegar es que probablemente no merezca la pena angustiarse con elucubraciones sobre si nos quitará el trabajo, destruirá nuestra cultura o cualquier peligro más o menos inmediato. Lo más probable es que pase lo que ya ha pasado, que nos acostumbremos y lo incluyamos como otro instrumento más que, por supuesto, eliminará algunos trabajos y posiblemente cree otros y que nos obligue a modificar algunos hábitos. Por ejemplo, ya no debe quedar ningún profesor que valore a sus alumnos pidiendo la redacción de un artículo sobre un tema de sus estudios, ya que lo obtienen gratis en internet. Posiblemente la solución sea volver al temido examen oral. Aunque esté traído por los pelos he aquí un ejemplo en el que la Inteligencia Artificial crea puestos de trabajo: profesores para examinar oralmente ya que es un proceso que consume tiempo y personal, pero evita que el examinado se aproveche de la Inteligencia Artificial.

 

(continuará)



ECO.74 TALLER DE ESPARTO

TALLER DE ESPARTO, por A.F.García

 


En el marco de las fiestas patronales de Nuestra Señora del Carmen de Isla Plana se realizó el taller de esparto, de puertas abiertas para todo el público que quisiera acercarse, para ver muy de cerca el trabajo de los artesanos, dirigidos por Diego Casanova, actividad que se realiza con frecuencia dando la oportunidad a quienes lo trabajan, de rescatar del pozo de la historia los utensilios de labranza, trilla, labores del campo, aperos de animales y de uso doméstico que vienen realizándose desde tiempos inmemoriales. Aunque algunos estudios arqueológicos afirman que el esparto se utilizaba ya en la prehistoria en la región murciana, fueron los romanos los que impulsaron esta industria, localizada en el Norte de las provincias de Almería y Granada, Murcia y el Este de Albacete. 

Los fenicios y especialmente los púnicos lo comercializaron por todo el Mediterráneo, apareciendo el esparto en textos que hablan de él desde el 500 a.C. Esta gramínea de la familia del trigo y la cebada destaca por su resistencia, flexibilidad y generosidad que manipulada por el ingenio del hombre se logran maravillas.

















ECO.74 "TURISTAS EXTRANJEROS" POR LA ZONA DE CARTAGENA Y MAZARRÓN, EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX (VI)

 

"Turistas extranjeros" por la zona de Cartagena y Mazarrón, en los siglos XVIII y XIX (VI), por Paco Acosta

(continuación)

RICHARD FORD (1796-1858)



Viajero, dibujante e hispanista inglés. Pasó cuatro años en España, realizando viajes por toda la península. En 1844 publicó, con gran éxito a tenor de las sucesivas ediciones de años posteriores, A Hand-book for Travellers in Spain and Readers at Home, en el que, tal como refleja en la portada, describe el país y las ciudades, los lugareños y sus costumbres, y considera los monumentos, religión, leyendas, manifestaciones artísticas, literatura, deportes y gastronomía.  Sus comentarios e indicaciones serán muy tenidos en cuenta por quienes posteriormente recorran las tierras hispanas, y sus opiniones, así como sus “retratos” de hombres, costumbres y paisaje iban a constituir el espejo oficial de la España del siglo XIX.

En el Reino de Murcia, del que dice “está mal provista de carreteras, e incluso su gran vía de comunicación con Granada es apenas practicable para vehículos” -al considerar la ruta Almería-Cartagena- el autor menciona Mazarrón, de la que indica “es una localidad industrial, con una población de unos 5.000 habitantes. La tierra y el mar les dan trabajo. Debido a la cantidad de ruinas descubiertas en la vecindad, se supone que este lugar fue anteriormente una importante colonización cartaginense”. A continuación se refiere a la Sierra de Mazarrón, con sus minas de plata y alumbre. En cuanto al paisaje lo señala como “llanuras desprovistas de árboles”; y destaca que allí se cultiva la barrilla.

Después pasa a describir las peculiaridades del Reino de Murcia. Escribe cosas como éstas: “Está muy poco poblado y en las partes donde falta el agua es casi un desierto. Sin embargo las áreas de regadío y las Huertas compensan esto con su abundante fertilidad prodigiosa. Abundan las palmeras, naranjos y algarrobos. Sus productos principales son seda, sosa, esparto, pimientos rojos y ricos vinos”; “La mineralogía es sumamente interesante, sobre todo en los distritos mineros cerca de Cartagena”.

Al referirse a sus gentes, su opinión no es muy halagadora: “Las clases pudientes vegetan en una monótona existencia social, sin otras preocupaciones que el puro y la siesta. Pocos hombres que merezcan el nombre de ilustres han salido de esta trasnochada provincia. Las clases bajas, dedicadas principalmente a la agricultura, son alternativamente perezosas y laboriosas”; “Son supersticiosos, vengativos y pendencieros”.

Cuando se refiere a Cartagena, después de ilustrar al lector con su historia, la considera símbolo de la “España en decadencia” y dice “está ahora muy decaída. Apenas tiene 30.000 habitantes”; “Aquí vemos que todo lo hecho por la mano del hombre está todo cambiado, pero a peor”; “El puerto, abierto por la poderosa mano de la naturaleza […] es lo único que continúa invariable, pues no debiendo nada a la mano del hombre, tampoco se puede estropear con su abandono”.

No obstante lo anterior, también escribe algo favorable del puerto “es el mejor de esta costa […] Aquí incluso la flota inglesa podría maniobrar”. Pero a continuación dice que “está casi desierto y no tiene flota que albergar”.

En su alternancia de opiniones, encuentra positivo “el pescado de toda esta costa es excelente”; “la pesca del atún y la exportación de la barrilla, así como la minería, constituyen la principal ocupación de la población”, para después decir, como no, que había sido un inglés el que recientemente había fundado en Cartagena “una fábrica de cristal, porque aunque la naturaleza ha abastecido a esta comarca con abundancia de materia prima: arena y álcali, al cartagenero nunca se le había ocurrido mezclar los ingredientes”.

 


 

SEVERN TEACKLE WALLIS (1816–1894)



Este abogado norteamericano, visitó España en 1847 y en 1849 narró sus andanzas, publicándolas bajo el título Glimpses Of Spain: Or Notes Of An Unfinished Tour In 1847. En él cuenta su breve estancia en Cartagena, a la que llegó por mar. Describe el puerto, que califica de “soberbio” y rodeado de montañas, cada una con una fortificación. La ciudad, protegida por la muralla del mar, son puntos de defensa ruinosos. Se fija en la Escuela Naval, que encuentra “magnífica”, y un “espacioso edificio, apropiado y de buen gusto, que ahora y desgraciadamente no tiene estudiantes”. También se fija en el Gran Hospital “afortunadamente sin enfermos”.

Cuando desembarca visita el Arsenal, en un recorrido de “un par de horas” acompañado por un guardia que hizo de guía por “el espacioso y magnífico recinto, ahora vacío”.

Después visita “la iglesia principal”, que “no tenía nada que destacar”. De Cartagena no dice nada más. Eso sí, cuenta, que en un café se tomó una naranjada, -de naranjas exprimidas allí mismo por la camarera-, que le llamó la atención ver a unos gitanos -era la primera vez que los veía, y describe sus atuendos-. Si el viaje por España lo consideró inacabado, supongo que no diría que había completado su visita a Cartagena.




(continuará)



ECO.74 MI CINE DE VERANO

MI CINE DE VERANO, por Marco A. Santos Brandys

- "Anda, alégrame el día..."

- "Le voy a hacer una oferta, que no podrá rechazar..."

- "Que la fuerza te acompañe..."

- "Francamente querida, me importa un bledo..."

- "Creo que éste es el principio de una hermosa amistad..."

- "Hasta la vista, baby."

- "Nadie es perfecto."

- "Vamos a necesitar un barco más grande..."

- "Houston, tenemos un problema."

 

Y así, muchas frases grabadas en nuestra memoria, donde a su significado, se unen las fuerzas de las imágenes suministradas por el cine. Pocas se olvidan. 

Pero no me refiero solo al "Séptimo Arte", sino a los locales donde se proyectan las películas y en concreto, a los “cines de verano". En ellos, se han fraguado muchas historias, independientemente de las proyectadas en sus pantallas. Todos tenemos varias en nuestro recuerdo. 

Una de sus características, es la de ser un local descubierto, pudiéndose ver las estrellas y la Luna, cuando el cielo lo permite, es decir, casi siempre en este tiempo. Las estrellas del firmamento, se unen con las del celuloide proyectado en el telón. 

Normalmente, sus asientos son duros, de madera, plástico, hierro o "formica", debiendo resistir la intemperie y a veces un cojín, para comodidad de las “posaderas”. Tienen un garito en la entrada, para vender “consumibles”: refrescos, pipas, palomitas de maíz, patatas fritas, chicles… y situando en un lateral, un pequeño aseo. 

Están llenos de chiquillería, con libertad de movimiento siempre, incluso durante la proyección que son generalmente, de programa doble: la primera, dedicada a un público infantil y juvenil y la segunda, para uno algo más "adulto". 

A mitad de la proyección, se suele cortar la misma para cambiar el rollo del celuloide. Entonces se encienden las luces y se descansa un rato, momento aprovechado por los espectadores más inquietos para avituallarse del material necesario y darle un poco a la “sin hueso”, pues es feo hablar durante la proyección. Hoy día, existiendo dos cámaras en las cabinas de proyección, no suele pasar. 

Al ser las proyecciones por la noche, la gente suele llevarse bocadillos de casa, hechos por la madre o la abuela, generalmente de tortilla o jamón, de chorizo, queso, empanadillas… 

Las películas más celebradas, son las de vaqueros, los "peplum", las de terror, las de guerra, de ciencia ficción, de dibujos o cualquier otra de acción rápida, no muy complicadas para ser entendidas sin problema y el público celebre, aplaudiendo, gritando o pataleando en el momento oportuno, cuando llega el Séptimo de Caballería para salvar a la chica, mientras, se le “pega” a la mandíbula. Las de temas más delicados, suelen dejarse para la segunda sesión y un público más “adulto”. 

El suelo, es de chinarro, gravilla o baldosas no resbaladizas y así no son peligrosas por el “relente”. Los carteles de las películas son tan interesantes, que merecerían capítulo aparte. 

En estos lugares se han fraguado muchas historias románticas, algunas efímeras, pero también se han jurado eternos amores, pues en ellos con la penumbra, se daba el ambiente adecuado y con la cercanía de la persona amada, el enamorado aprovechando el momento, le declaraba el eterno amor. Muchos primeros besos y brazos por encima del hombro se han dado en estos lugares. Y nosotros, después de la proyección, salíamos felices y contentos, con la cara del Wayne, del Douglas, del Mitchum, del Lancaster o el gesto del Eastwood… o del guapo Brad Pitt, el que tuviese condiciones para ello. 

Recuerdo mi primer cine de verano, el "Alameda" aunque estaba en una pinada, en Santiago de la Ribera. A él acudíamos los pequeños a ver historias, luego recreadas con los amigos, imitando a los héroes. Otro cine importante fue el "Avenida", en el Puerto de Mazarrón, donde siempre el programa doble era excelente y estaba asegurado por pocas pesetas. Muchas noches de verano de los años 60, las viví sentado en las duras butacas entre sus blancas paredes. El cine “Mastia”, en la Isla, llegó a ser hasta hace poco, una referencia y centro aglutinador de las historias veraniegas. 

Los cines que quedan, son centros de reunión social y cultural, como también lo son los restaurantes, las cafeterías, los teatros, los conciertos o las salidas de misa de los domingos. No entiendo cómo no se han protegido y declarados Patrimonio Cultural de España, por su importancia. Debería crearse la conciencia adecuada para que no se eliminasen y en su lugar, se construyan bloques de apartamentos, almacenes u otros espacios sin el "tirón" popular que tienen los "cines", como ya ha sucedido en algunos casos. Pero creo que la batalla está perdida. 

Después de comer, en las primeras horas de las tardes de finales del verano, en mi oscura habitación de la casa de la finca de vacaciones, con la persiana bajada, intentaba dormir una ligera siesta y alguna vez, hasta lo conseguía. Mientras unos descansaban en su hamaca, otros en las tumbonas o simplemente echaban una cabezada en las mecedoras, en la cocina se oía imperceptiblemente, el ruido de la vajilla puesta reluciente, a la vez que mi madre y abuela preparaban pausadamente el café, dejándonos previamente reposar un rato. En la parte trasera de casa, el ver la ropa tendida al sol meciéndose por el viento, me producía un verdadero sosiego. 

En mi cabeza, se mezclaban como en una batidora, las aventuras vividas durante el día: las de la jornada cinegética, la recogida de frutos del huerto, la búsqueda de fósiles por los alrededores o cualquier otra ociosa actividad. El sol vespertino, se reflejaba en la clara y arenosa tierra que rodeaba la casa y por una de las últimas rendijas de la persiana, se introducían a una hora concreta, unos rayos de sol atravesándola y produciendo de pronto, el milagro esperado. 

Comportándose la habitación como una cámara oscura, todo lo que sucedía en el exterior con sus ruidos y sus imágenes, se reproducían fielmente de forma invertida, en la blanca pared enyesada de la cabecera de mi cama. Esperando ansiosamente el suceso óptico, me recostaba y estaba atento para ver los acontecimientos que próximamente sucederían, quedándome ensimismado contemplándolos. Tan bien se reproducían las imágenes, que reconocía perfectamente todo lo sucedido en el exterior y mi ensoñación ponía el resto, produciéndose entonces, la magia. Poniendo unos espejos estratégicamente situados, se reproducían las imágenes de forma invertida a la proyectada en la pared, es decir, se ponían “al derecho". 

Por la pantalla de ese extraño cine de verano, aparecía cualquier persona que no estuviese durmiendo la siesta y pululase por los alrededores: los labradores con sus animales, los perros, los gatos, las gallinas... Con el tiempo, averiguaba el “quehacer” de los distintos personajes que pasaban por ese improvisado telón. Y empezaron a surgir durante el tiempo en que duraba el fenómeno solar, nuevos protagonistas que por el efecto óptico, o tal vez por mi imaginación, se hacían reales en la pantalla, durante el tiempo que duraba el suceso. A las burras "Pastora", "Lucera" o el “Nano”, -con sus aguaderas- seguía del “Tío Juan” o sus hijos pasando por delante distinguiéndolos perfectamente. 

Pero un día, les siguieron de manera milagrosa, fruto de mi ensoñación, grupos de caballos "cimarrones" salvajes de las praderas, empezando a entrar en pantalla, indios "pieles rojas" en su persecución, montados en sus "mustang". No faltaron con el tiempo, en empezar a participar cuatreros, laceando caballos, perseguidos en su alocada carrera, por el "sheriff" en su busca y captura. Pero poco a poco, el tema se complicaba. Por delante, pasaron galopando los chicos del "Pony Express" y hasta al mismísimo “William Frederick Cody” creí reconocer unos segundos. También llegaron por sorpresa cabalgando al toque de cornetín, los soldados del “Séptimo de Caballería”, comandados por un alocado oficial, montado sobre un blanco corcel, melena rubia al viento, blandiendo un sable en su diestra y al que creí reconocer, como el famoso General Custer… 

Otro día, aparecieron ante mi asombro, legiones romanas con sus cohortes, manípulos, centurias y aquilae, cruzando el Rubicón, comandadas por un jefe de laureadas sienes y al que creí reconocer... 

Observé absorto en otra ocasión, las evoluciones de los ejércitos sarracenos contra tropas castellanas, sin llegar a saber si eran comandadas por el rey Fernando III o por Alfonso VI, no apareciendo el esperado Campeador, por escasos momentos. Un día, me pareció reconocer en la distancia, a tres intrépidas carabelas, cruzando el mar ignoto, dirigiéndose hacia el Oeste… 

También aparecían barcos balleneros en busca de presas. En una de las últimas proyecciones, divisé a un grupo de aviones, con un "sol naciente" pintado en los fuselajes, sobrevolando una isla en vuelo rasante… dirigiéndose a cierta base del Pacífico… 

Y así pasaba el tiempo, hasta que la magia se desvanecía al seguir el Sol su vespertino caminar. Entonces me levantaba, pensando en la historia que acababa de ver, sobre el cabecero de mi cama. 

Era mi cine de verano rural, en donde mi hermano algunas veces participaba, sin pagar entrada por supuesto y aplaudiendo conmigo, en los momentos más emocionantes.




 

ECO.74 EL SER HUMANO ACTUAL -PRODUCTOR CONSUMIDOR- (IX)

EL SER HUMANO ACTUAL -PRODUCTOR CONSUMIDOR-  (IX), por Eladio Chávarri filósofo [1952-2002] en estudio y comentario de Baldomero  López Carrerafilósofo.

 (continuación)

Entregas anteriores en nº 66, nº 67, nº 68, nº 69, nº 70, nº 71, nº 72 y nº 73  



Durante el siglo XIX europeo, bastantes pensadores trataron de relegar los valores religiosos al ámbito de lo privado, lo más opuesto al papel que habían ejercido hasta entonces en el proceso de formación del ser humano. Pero, entrados ya en el XX y a lo largo del mismo se produce en realidad algo mucho más fuerte que esa simple relegación: la "sustitución”. Los valores biopsíquicos y económicos, desplazando a los religiosos –de ningún modo anulándolos–, se constituyen en núcleo de una nueva reorganización del contenido valorativo heredado. La tendencia hacia esta modalización biopsíquica-económica aparece en algunas regiones de Estados Unidos a principios del siglo pasado, se fortalece más y más a lo largo del mismo siglo y va extendiéndose a la vez que se produce la formación y consolidación de las sociedades ricas. 

Las masas, contra los ilustrados pensadores, "prefirieron" seguir la humilde tendencia que acababa de nacer y que las arrastraba hacia la modalización biopsíquica-económica. La incipiente modalización les resultaba bastante más atrayente que la grandiosa realidad ideal de los grandes pensadores. 

Observamos algunos signos inequívocos de esta sustitución del modelo humano. La antigua URSS, en el año 1927, establece su primer plan de desarrollo, en el que se pretende elevar el nivel de vida fundamentalmente biopsíquico y económico. Después de la Segunda Guerra Mundial, desde el año 45 a la década de los 60, se proyectan y se ejecutan planes análogos de desarrollo en las naciones europeas occidentales y orientales y en no pocas del llamado Tercer Mundo. Así mismo, Europa, que nunca ha podido llegar a unirse bajo la hegemonía de los valores religiosos, establece su primera unión seria como Comunidad del Acero y del Carbón. Hoy se denomina Unión Europea, pero todo el mundo entiende que realmente es Comunidad Económica Europea. Por otra parte, la tan cacareada Globalización no tiene otro contenido que la relación mundial únicamente de los valores económicos y biopsíquicos. La Gran Crisis, que empezó hace más de una década y que aún seguimos padeciendo (octubre de 2018), no se refiere precisamente a valores de las dimensiones cognitiva, estética, ética, lúdica, religiosa y sociopolítica, sino a la pésima gestión de valores biopsíquicos y económicos. Por último, las masas que arriesgan su vida en sus penosas migraciones hacia los países ricos lo hacen para conseguir valores biopsíquicos y económicos, no para gustar la riqueza de otros valores.

 

(continuará)





ECO.74 NUESTRAS LECTURAS: "ALGÚN AMOR QUE NO MATE"

NUESTRAS LECTURAS: "ALGÚN AMOR QUE NO MATE", por A.F.García

 


Dulce Chacón, nació en Zafra (Badajoz) en 1954. Fue una escritora polifacética: poesía, novela, teatro… La breve novela que tenemos delante vio la luz en 2002. Es ya una obra de madurez y su desarrollo transmite amargura, dejadez, tristeza… que contrasta con el nombre de la autora y la sonrisa de su rostro en la contraportada.

 


En esta novela no hay espacios ni tiempos; sólo se pueden intuir un poco, ni siquiera imaginar. Sabemos que hay teléfonos y se llama para confidencias, chismes, encargar la compra... Esto nos hace una idea para situar su redacción hace unos treinta años. La excesiva dependencia de lo que pueda decir u opinar la gente nos obliga a situarnos en una población pequeña, menor que la ciudad nativa de la autora. 

El submundo donde se desarrolla la vida de esos pocos personajes me resulta oscuro, inconcebible. En un matrimonio, supuestamente enamorados, la única intimidad sexual, sucede en la siesta; pero deja haber siesta, porque el varón debe hacer compañía a su madre, que se ha separado; ésta rehace su vida con otro hombre, pero a su ex le vienen celos y vuelve. 

La que se queda sola es Prudencia que progresivamente deja de pensar, de tener voluntad, de tener iniciativa, incluso cuando comprueba que él tiene una amante: mi mujer no piensa, mi mujer no trabaja… y no sólo se dice, se impone a la fuerza… Es la posesión del varón en todos los aspectos. No es que Prudencia no tenga amigas, confidentes. La idea, el ambiente de posesión es total, aplastante… Y la escritora hace que la víctima no termine en asesinato sino en suicidio. 

Ahora bien, uno debe reconocer que Dulce Chacón maneja muy bien la prosa: frases cortas, períodos, párrafos y capítulos cortos. No sorprende que le hayan adjudicado un premio “Azorín”. Es, sin embargo, el contenido, el fondo tétrico lo que no hace fácil y digerible su lectura.



ECO.74 EL CARMEN EN ISLA PLANA

EL CARMEN EN ISLA PLANA, por A.F.García

La semana de fiestas en Isla Plana, -fiestas en honor de la Virgen del Carmen- ha finalizado el domingo 16, día de la patrona.

 


Ese día, se celebró una corta procesión, con la imagen de la Virgen llevada a hombros, desde la Iglesia hasta la Plaza del mismo nombre, donde al aire libre se celebró una Misa solemne, multitudinaria, unas doscientas personas, cantada por el coro de Isla Plana con acompañamiento de la rondalla de la misma localidad.



Considero oportuno destacar la presencia y protagonismo del gran trovero Juan “El Baranda”, que improvisó varios bellos trovos dirigidos a la Virgen, a la fiesta y a Isla Plana, de lo que tuve el honor de recoger en un primer plano.



Encuentro lamentable que en el programa de las fiestas, cuyo cartel ha estado colgado -durante toda la semana de fiestas- en la Plaza central de Isla Plana, a tamaño extra-grande (para que todos los que por allí pasaban -vecinos y veraneantes- lo tuvieran bien presente), se haya “olvidado” hacer alguna mención -aunque fuera pequeña- a esta procesión y misa, que tanto seguimiento tienen en la localidad de Isla Plana. 

Tras la misa, se realizó la procesión de retorno, y a continuación la moraga o sardinada, y se cerraron las fiestas con una actuación musical. 

Les felicitamos a todos, organizadores y participantes, por su buen hacer en esta semana de fiesta.