Un movimiento religioso medieval: Beguinas y Begardos (VII), por Francisco Mendiguchía
(continuación)
Los begardos religiosos
Se conocía con el nombre de begardos a hombres que, a imitación de las beguinas, aparecieron también a principios del siglo XIII en los mismos lugares que ellas, Países Bajos y Alemania, en ésta sobre todo en Renania, aunque fueron mucho menos numerosos.
Eran asimismo religiosos laicos, pero habitaban mas bien en comunidades más grandes, parecidas a conventos y solían dedicarse a obras piadosas, como cuidar enfermos, ancianos dementes y también enterrar a los muertos. Eran gente sencilla que vivían bajo un mismo techo, comían en mesa común y hacían con sus ingresos un fondo también común.
Estos ingresos procedían de sus trabajos manuales que, en los Países Bajos, se referían a la industria pañera y por ello se les conocía con el nombre de “begardos tejedores”, por lo que la crisis lanera del siglo XV fue fatal para ellos.
Los que no se apartaron de la ortodoxia y de las directrices de la Iglesia, pues fueron hombres de sólida piedad y recto espíritu, recibieron elogios de Papas como Gregorio XI en 1374 y Bonifacio X en 1394, pero como hubo también bastantes desviaciones, sufrieron las condenas de los Concilios de Colonia (1306) y de Vienne (1313), pero sólo por su condición de movimiento laico.
Los begardos ortodoxos sobrevivieron algún tiempo, pero el Papa Inocencio X los disolvió finalmente en el año 1650, desapareciendo el resto de los que quedaban con la Revolución Francesa.
En el sur de Europa los begardos, sin caer de lleno en la heterodoxia, solían ser místicos y visionarios y enseñaban -bajo la influencia de Joaquín de Fiore, primero abad cisterciense y luego abad de su propia comunidad-, que la humanidad había pasado de la Edad del Padre a la del Hijo, e iba a comenzar la del Espíritu Santo, exactamente en 1260 (42 generaciones desde Cristo) fecha que basaba en unas palabras de San Mateo.
En lo tocante a su nombre, la
palabra begardo puede derivarse del verbo flamenco “beghen” que
significa mendicar o pedir.
Beguinas y Begardos
heterodoxos
Además de las beguinas y begardos ortodoxos y fieles a las directrices de la Iglesia, hubo también diversos grupos, mucho más numerosos entre los hombres que entre las mujeres que desde el mismo siglo XIII, se movieron por todos estos países, principalmente por Alemania, y se desviaron de la ortodoxia ya desde un principio, más que por la degeneración del movimiento de los primitivos begardos y beguinas.
A estos grupos se les puede relacionar más bien con los cátaros (herejía dualista procedente de los Balcanes) que vagaban desde el siglo precedente por el norte de Francia, Países Bajos y Renania, y eran conocidos también con el nombre de “beguinos” (se ha encontrado una crónica de Colonia, de 1209, en la que se les conoce bajo este nombre) y el de “amalricanos” (o “amauricianos”) y se les describía como discípulos panteístas y quietistas de Amaury de Béne.
Mas tarde, ya en el siglo XV, a estos begardos y beguinas heréticos se les conocía también con el nombre de “picardos” en Bohemia, también “turlupipinos” en Francia y “adamitas” en otros lugares. Su doctrina consistía en exaltar la pobreza, vivir de limosnas y enseñar la vuelta a la inocencia paradisiaca. Eran pues quietistas y panteístas, creían en la deificación formal del alma: ésta, hecha Dios, ya no puede pecar, se hace enteramente libre y se eleva por encima de toda ley, tanto divina como humana. La consecuencia era que el espíritu y la carne eran enteramente libres y, por lo tanto, podían profesar el amor libre.
Bonifacio VIII los condenó ya en el año 1300 por considerarlos cismáticos, condena que fue formalmente hecha en el Concilio de Vienne de 1313 con sus famosas ocho proposiciones heréticas, tres de las cuales estaban precisamente extraídas de un libro. Se trata de “El espejo de las almas sencillas”, escrito por una beguina, Margarita Porete, muerta en la hoguera en 1310. El Papa Juan XXII los volvió a condenar en 1317 y posteriormente sufrieron violentas represiones de la Inquisición, desapareciendo a finales de la Edad Media.
Los begardos
heterodoxos llegaron en algunos casos a hacer prácticamente suyas las 97
proposiciones del “Anónimo de Passau” (redactado hacia 1260). Este catálogo de
Passau, que es más una encuesta de tipo inquisitorial que una exposición
doctrinal, resume esta doctrina afirmando que el hombre puede llegar a
igualarse con Dios, tal como se puede apreciar en las actas del interrogatorio
del begardo Jean Hartmann, perseguido en Erfurt en 1367: interrogado por el
inquisidor Kerling responde que el hombre puede llegar a un estado “que en
él es uno con Dios y Dios es uno con él, sin ninguna distinción”.
Beguinas y Begardos en España
Las menciones más antiguas que he
encontrado de las beguinas españolas se refieren a Aragón y Cataluña. Al
mencionar Tocco el proceso de Arnaldo Alberti, y refiriéndose a los familiares
de Martín de Aragón dice: “fue dona de bé, que andaba vestida como a bagina”.
Asimismo, la princesa Sancha de Mallorca, hermana del príncipe Felipe de
Mallorca, que era beguino, fue siempre considerada “Beguina Real”. Como puede
apreciarse ambas correspondían a la misma región nordeste de España, a la cual
llegaron los movimientos beguinos, femenino y masculino con bastante pureza.
(continuará)
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