EL VERANO DE LOS INCENDIOS, por José Luis Mozo
Los que llevan estas estadísticas
podrán decirnos si éste ha sido el verano de más tierras quemadas en España en
no sé cuántos años. Pero primero tendrán que esperar a que termine, porque
hemos creído alguna vez que asomaba el otoño pero no, sólo eran guiños desde la
distancia. El verano sigue aquí y con él los incendios, fruto natural de las
altas temperaturas provocadas por el cambio climático. Porque el hecho de que las
cautelas estén dictadas por los intereses políticos de tipos que lo más parecido
que han visto al campo es un sofá verde en su salón y que andan a la caza de
dividendos para su promoción propia, eso no tiene nada que ver. Cambios
climáticos y pueblos obtusos que no siguen las directrices de estos sabios de la
comedia bufa, de estos papanatas de la trepa, lo explican todo. No hay por qué
escuchar a los ganaderos, a los agricultores, a los cazadores, a los bomberos,
a los profesionales del medioambiente rural. Y aun menos a esos simplones medioambientales,
que dicen que los incendios de verano se apagan en el anterior invierno, con
acciones dedicadas a su prevención.
Pero a todo esto vamos a llegar
demasiado tarde, cuando el problema se haya superado por sí mismo, después de
haber quemado tanto que no quede nada por quemar. Y cuando la desesperanza por
ello nos invade, de pronto surge el gran incendio, la madre de todos los
fuegos: ¡¡CEUTA!!
Un fuego más esplendoroso que
ninguno porque el combustible son miles y miles de seres humanos desesperados y
el acelerador otros seres – muchísimos menos, aunque dicen que también humanos –
que contribuyen por su propio beneficio a la desesperanza. Los papanatas lo
tienen muy fácil para hacer lo que suelen hacer, además de darse lustre: nada.
En seguida nos van a contar que no hay ningún incendio sino una crisis
humanitaria. ¡Por supuesto que hay una gran crisis humanitaria! En el mundo
malviven unos 700 millones de personas en situación de pobreza extrema. Las dos
terceras partes se encuentran en África y la mayoría de éstos en la ancha
franja subsahariana. ¿Y qué solución hay para ellos? ¿Meterlos a todos en
Ceuta? Hala, empiecen a construir pabellones para el alojamiento de 350 millones,
que han de incluir raciones alimentarias, vestimenta y todo lo que la
supervivencia pide. De forma que dense prisa para que las organizaciones del
crimen no lleguen demasiado pronto. Porque el crimen llegará y no lo traerán
los pobres que buscan supervivencia sino los desalmados que seguirán buscando
hacer crecer su negocio. Habría que apuntar mucho más arriba y tendríamos que
apuntar muchos. Cuando los héroes – perdón por la inmodestia – de la quinta del
68 apostamos decididamente por el cambio era para amortizar la historia, no
para ignorarla. Era un cambio de unión, de expansión, en un territorio tan
difícil como una Europa cuya génesis se basa en tribus (hoy pueden leer
nacionalismos) y sus guerras, lo bastante hipócritas como para fingir adherirse
al proyecto entonces y después volver a sus provincianos fundamentos.
Pero tranquila, Ceuta, ya nos han
dicho que está protegida por aliados fieles e impecables. España, en una época
en que se la consideraba proscrita, consiguió una alianza con Estados Unidos porque
a ellos les interesaba, en la guerra fría, consolidar una posición sólida en el
extremo sudoccidental de Europa. Así empezamos a salir de uno de los pozos más
tenebrosos de nuestra historia. Respetando la alianza, hasta que un desconocido
que aspiraba sólo a ser alguien la cambió por gestos de prepotencia. Y Marruecos
estaba allí, por si querían otro aliado. Y evidentemente, lo querían.
Yo creo que con los políticos
habría que hacer lo mismo que con los adolescentes en la escuela. Obligarles,
al menos, a leer un libro. Quizá así alguno se enteraba que existe y existió un
Castilblanco. En tiempos de la segunda república una gran concentración de
jornaleros agrícolas, bastante calentitos por la miseria y el desempleo, se
encontró allí con un reducido número de guardias que un gobierno muy
inteligente había enviado para controlarlos. Uno de los guardias se asustó y
disparó al aire tiros disuasorios. La multitud se sobrecalentó y linchó a los
guardias.
Me he enterado que ante una gran
concentración de “migrantes” muy inquietos, un guardia civil ha disparado hoy al
aire tiros disuasorios. Alguien se reirá por comparar dos hechos entre los que
median casi cien años. Insisto que la historia ha de conocerse para
amortizarla, no para ignorarla. Ignorarla es la mejor fórmula para repetirla.
Y ¿de Ceuta? Si siguen leyendo,
hábito que les recomiendo, podrán saber lo que pasó después de Castilblanco. Si
el gobierno sigue negando la mayor, empecinándose en que en Ceuta no hay ningún
incendio, el fuego se extenderá y Ceuta será arrasada.
Hace falta mucha colaboración y
mucha carga ética en el mundo para acabar con el incendio del hambre. Pero
Ceuta no lo puede apagar sola. Lo mejor posibilidad que cabe con Ceuta es que
recupere cuando antes una vida y un tamaño consecuentes con lo que Ceuta pueda
llegar a ser.
… A pesar de tener vecinos tan
amigos y tan leales a su causa.
No por ello van a faltar los
incendios. Los seguirá habiendo en otras partes.
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