Miguel de Cervantes. Breve biografía (III), por A. Fernández García
(continuación)
El apellido Saavedra, en opinión
de la historiadora Luce López-Baralt, y que el autor comenzó a utilizar tras su
cautiverio, viene de «shaibedraa», que en dialecto árabe magrebí se pronuncia casi
como en español y significa «brazo tullido o estropeado», por lo que Cervantes en
Argel pudo ser llamado «shaibedraa», a saber, «manco». Es además un apellido corriente
en Argelia desde hace siglos. Por el contrario, la hispanista María Antonia Garcés
atribuye la adopción del apellido gallego Saavedra a la reinvención que Cervantes
hace de sí mismo al retorno de la esclavitud; es nombre que él mismo otorga al héroe
de su drama El trato de Argel, y a los protagonistas de su El
gallardo español y de La historia del cautivo (capítulos 39—41
de Don Quijote); ha sido Gonzalo Cervantes Saavedra un lejano pariente,
también veterano de Lepanto y escritor, y cuya vida tuvo singulares paralelismos
con la suya; además, la prominente familia Saavedra (o Sayavedra) de Sevilla, quienes
pelearon contra los moros por cientos de años en la frontera, podría haberle resultado
emblemática a Cervantes, quien pudo verse a sí mismo como el descendiente moral
de Juan de Sayavedra, héroe medieval celebrado en romances de gesta y también apresado
por los moros.
En sus Novelas ejemplares,
Cervantes dice ser tartamudo. Para José Manuel Lucía Megías, se trataría de una
figura retórica para describirse a sí mismo como falto de elocuencia verbal. Krzysztof
Sliwa, por el contrario, cree que Cervantes padecía una verdadera alteración del
lenguaje, citando similares comentarios del manchego en tres de sus escritos además
de las Novelas.
Según Américo Castro, Daniel
Eisenberg y otros cervantistas, Cervantes poseía ascendencia conversa por ambas
líneas familiares; su padre era cirujano, su abuelo, abogado y su bisabuelo, trapero.
Por el contrario, su último biógrafo, Jean Canavaggio, afirma que dicha ascendencia
no está probada, en comparación con los documentos que apoyan esta ascendencia sin
lugar a dudas para Mateo Alemán; en todo caso, la familia Cervantes estaba muy bien
considerada en Córdoba y ostentaba allí y en sus cercanías cargos importantes.
Sus abuelos paternos fueron:
el licenciado en derecho Juan de Cervantes y Leonor de Torreblanca, hija de Juan
Díaz de Torreblanca, médico cordobés; su padre, Rodrigo de Cervantes, nació en Alcalá
de Henares por casualidad: su padre tenía entonces su trabajo allí. Lo educaron
para ser cirujano, oficio más parecido al antiguo título de practicante que a nuestra
idea de médico. Don Rodrigo no pudo seguir estudios continuados no solo por su sordera,
sino por el carácter inquieto e itinerante de su familia, que llegó a moverse entre
Córdoba, Sevilla, Toledo, Cuenca, Alcalá de Henares, Guadalajara y Valladolid, que
se sepa; sin embargo, aprendió cirugía de su abuelo materno cordobés y del padrastro,
también médico, que lo sucedió, aunque nunca llegó a contar con un título oficial.
Hacia 1551, Rodrigo de Cervantes se trasladó con su familia a Valladolid. Por deudas,
estuvo preso varios meses y sus bienes fueron embargados. En 1556 se dirigió a Córdoba
para recoger la herencia de Juan de Cervantes, abuelo del escritor, y huir de los
acreedores.
(continuará)
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