El gran evento cultural del año en Mazarrón, por A. Fernández García
Este 31 de julio en el Hotel Ramada
Resort se ha celebrado lo que se puede considerar el evento cultural más significativo
del año en este municipio.
Antonio Parra, escritor habitual y
persona destacada en la tribuna de esta celebración, que hace el número 42, nos
ha desarrollado una amplísima enumeración de coincidencias, crónicas, cálculos en
torno a esa cifra, que es el número de ediciones de este concurso de cuentos.
Eloy Tizón -el conferenciante-, Madrid
1964, es un referente en España y fuera de ella en lo que concierne al cuento y
al relato corto.
Empieza su conferencia afirmando que
el cuento es tan antiguo como el hombre en cuanto llega a ser un ser racional y
sociable; y, por supuesto, mucho antes que exista la escritura; el cuento, la leyenda…
han sido un elemento cultura de transmisión oral; eso ocurre en todos los pueblos,
tribus…y en todos los rincones de la tierra.
Sintetiza: “El cuento es lo
más antiguo de la comunicación humana en pequeños grupos”.
Tizón nos dice como ejemplo que los
hermanos Grimm realizaron una bella recopilación de los cuentos que estaban de boca
en boca en la tradición alemana.
A mí me sorprendió que ojeando una
biblioteca escolar de Gijón hallé un libro titulado “Cuentos tradicionales de Asturias”
de Faustino Lucas de Ampudia; al leerlos descubrí que esos mismos cuentos los había
oído contar en casa, siendo niño, de boca de un tío, que por ser carpintero, recorría
muchos hogares y aldeas; cuando paraba en casa mis hermanos mayores le insistían
que nos contara algún cuento; no les importaba que alguno ya lo hubieran escuchado
otra vez.
En esta XLII EDICIÓN el cuento premiado
ha sido “El afinador de silencios” de Antonio Arteaga Pérez.
Es breve, de estructura simple; dos personajes, Ernesto y Adelaida y por medio un
valioso piano de cola.
Él tiene una personal concepción del
mundo casi mística para quien el universo es una inmensa caja de resonancia, que
los humanos con sus desgracias, sus guerras, odios… desafinaban. Estaba casi ciego;
pero su capacidad acústica superaba todo lo concebible en una persona.
Ella, una anciana, probablemente una
gran concertista, que reside en una zona elegante de la ciudad. Llama por teléfono
a Ernesto para que acuda a su domicilio a revisar su piano; afirma textualmente
que miente o tiene una cadencia no adecuada en una determinada nota.
Ernesto y Adelaida manifiestan sensaciones
contrapuestas; ésta sigue manteniendo el fallo, aquél el piano suena perfecto. Ante
la persistencia de Adelaida él se retira del piano y se desplaza por la estancia
y descubre vanos donde debiera haber un sofá y algún otro mueble del que se ha deshecho
la dueña de la casa. Ernesto recoloca cortinas convencido de que remodela los ecos
del salón donde está maravilloso piano; pero sigue convencido de que está estafando
a una anciana escasa de recursos.
Es un relato muy humano, de una gran
sensibilidad que alcanza una gran ternura.
El Accésit ha correspondido a David
Fernández Sifres con “La Puerta”.
Fernández Sifres, que dirige sus relatos y cuentos a primeros
lectores y lectores juveniles, escribe este de una gran fantasía, de ensueño.
“La casa de sus sueños” es
lo que dice Laura al verla desde la ventanilla del coche. El anciano que se la enseña
y vende también parece sacado de los cuentos. El que haya una vista del mar y un
bosque de eucaliptos al sur sitúa la casa en el Cantábrico.
La existencia de tal casa en un acantilado
a 250 metros de altitud es más que improbable. Con 200m puede haber un fuerte militar
como en cabo Tiñoso o un faro como en el cabo Peñas; sobre un acantilado sólo conozco
un modesto y atractivo bar restaurante en Lastres (Asturias), pero ni llega a 200m
ni da impresión de peligro.
La casa les pareció perfecta a Laura
y Miguel, hasta la magia de que los troncos de la chimenea se juntaran según se
iban quemando; o que las descalzas, soltadas de cualquier manera al acostarse, las
encontraran ordenadas en paralelo a la hora de calzarlas.
A Miguel le empezó a surgir cierta
inquietud y duda. Camino del pueblo, a donde había ido a revelar el carrete en
el que había había tomado la última foto que le quedaba desde cierta distancia.
En esta última aparecían dos casas juntas y simétricas; desde un balcón una mujer
saludaba con la mano; las amplió en la pantalla del ordenador; la mujer que saludaba
no era Laura, luego la vivienda simétrica estaba ocupada. Quiso pasar a esa vivienda
y lo intentó por la supuesta puerta falsa; cedió y se encontró con un pasillo similar
al suyo, avanzó un pie con temor de caer al abismo, pero aguantó y avanzó el otro;
avanzaba en la otra; el pasillo resultó familiar, avanzando en él encontró una puerta,
la abrió y encontró un despacho igual que el suyo, pero con distintos libros y cortinas. Algo, en lo que no había reparado, le sacó de
quicio, una foto suya con un cocker peludo color canela; el impacto al cogerlo se
le cayó al suelo y se hizo pedazos.
Oyó la voz de una mujer joven; intentó
escapar, pero la voz sonaba más cerca ¿cómo explicar su entrada? ¿llamaría a la
policía? ¿aparecería su marido con un arma?
La mujer que apareció por la puerta
del cuarto; efectivamente la reconoció, era la mujer que saludaba desde el balcón.
“¿Te encuentras bien, Antonio?
Estás pálido”.
La mujer lo besó en los labios; “no
te preocupes por la foto, no me gustaba el marco. Baja ya, anda los niños te están
esperando para cenar”.
Él no baja, ella vuelve a subir. “Los
niños y yo te estamos esperando para cenar”. Él sigue forcejeando con la puerta.
“Antonio, me estás preocupando.
Sabes de sobra que eso no es una puerta”.
Él sigue insistiendo en salir y ella
sigue preocupada y mostrando una gran ternura.
A mi parecer este cuento es una ficción;
pero en la foto que descubre las dos casas simétricas, la foto de él mismo con un
perro, la mujer con niños que lo trata como marido y la misma puerta, por la que
entra Miguel y no sale Antonio, nos da la pista el autor, Siefres.
Volviendo al núcleo del Gran Evento,
que me hace pensar seriamente, no concibo que don José María López Ballesta, que
ha fundado y dirigido esa Universidad Popular con excelente acierto, no siga al
frente de lo que fue su trabajo toda su vida, durante este próximo curso y algunos
años más, aunque se haya jubilado.



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