domingo, 16 de noviembre de 2025

ECO.87 LA VIRUELA, EL SARAMPIÓN Y LAS MALDITAS VACUNAS

La viruela, el sarampión y las malditas vacunas, por Juan Miguel Ortiz Doctor en Medicina


Copio de un clásico de la Medicina del siglo pasado, Collet, Patología Interna 1930: 

Pronóstico

La viruela es una enfermedad muy grave: la muerte sobreviene en ⅛ de los casos [mortalidad 12,5%]... pero puede duplicarse en alguna epidemias.

La viruela hemorrágica es siempre de pronóstico muy sombrío, ya que no se cuentan, por término medio, más que el 4 por 100 de curaciones [mortalidad 96%].

 

Era frecuente que los que superaban la enfermedad quedasen marcados de por vida en el rostro. 

En la viruela se daban dos circunstancias interesantes. La primera es que casi nunca enfermaban las personas que se encargaban del ordeño de las vacas. La segunda que era muy raro que los que la pasaban volvieran a enfermar de viruela. 

Esto último dio lugar a que, desde tiempo inmemorial, en algunos lugares (la leyenda dice que a las jovencitas del harén para evitar las marcas en el cuerpo), se provocase la enfermedad con la intención de evitar una forma grave, haciendo que la persona tuviera una forma leve. El proceso se llamaba variolización y dejó de usarse porque tenía complicaciones graves (como fallecer de viruela) ya que se trataba de contagiar la propia viruela. 

La primera circunstancia fue la que aprovechó E. Jenner en 1796 para desarrollar la vacuna. 

Los bovinos padecían una forma de viruela que denominó variola vaccinae (del latín vacca) es decir viruela de las vacas o viruela vacuna (utilizo el femenino vaca, en lugar del masculino buey en cuyo caso estaríamos hablando de las bovinas en lugar de las vacunas. La explicación de porqué usar el femenino parece evidente: todo el asunto se relaciona con ordeñar). Quienes las ordeñaban presentaban, generalmente en los dedos, una erupción similar a la viruela, pero en cambio no padecían la viruela. Jenner demostró que la inoculación del líquido de las pústulas de una persona que se había contagiado de viruela vacuna, a otra, hacía a ésta inmune a la viruela humana. Por eso el método acabó denominándose vacuna y se extendió a todos los casos en que se pretende inmunizar a alguien (la generalización de esta denominación parece que la propuso Pasteur). 

Es interesante darse cuenta de que el método, creado al final del siglo XVIII, funcionaba bien, ya que se cortaban las epidemias de viruela mediante la vacunación, aunque no se sabía, ni siquiera, qué era lo que producía la enfermedad. Todavía en los años 20 del siglo XX se desconocía que se trataba de un virus. A finales de la década de los 70 de ese siglo la vacunación había logrado la desaparición de la viruela en los humanos. 

Curiosamente las vacunas que se emplean en la medicina científica (medicina basada en evidencias) vienen a ser la aplicación práctica de un principio Hipocrático. Copio de una IA: 

"Similia similibus curantur" es una frase en latín que significa "lo similar cura lo similar" y es el principio fundamental de la homeopatía. Este principio, originalmente atribuido a Hipócrates y desarrollado por Samuel Hahnemann, sostiene que una sustancia que causa ciertos síntomas en una persona sana puede ser utilizada para tratar a un paciente que presenta esos mismos síntomas.

 

Hace poco más de un siglo, un costarricense Clodomiro Picado, doctorado en la Sorbona, hizo saber que algunos hongos eran capaces de inhibir los cultivos de ciertas bacterias. Por la mismas fechas un escocés, Alexander Fleming, publicó el efecto del hongo Penicillium notatum sobre la lisis de bacterias Staphylococcus aureus. Se inició así la era de los antibióticos.

En la actualidad disponemos de un arsenal de antibióticos que permiten controlar, razonablemente, la mayor parte de las enfermedades bacterianas, pero desgraciadamente, no disponemos de un arsenal equivalente en la lucha contra las enfermedades causadas por virus. 

Hay pocos antivirales y por lo tanto en caso de padecer una enfermedad viral, solamente nos queda la capacidad de nuestro propio sistema inmunitario para hacer frente al virus (por eso sólo es posible tratar los síntomas y esperar). Ya que la primera vez que nos infecta un virus, solamente tenemos la llamada inmunidad natural, puesto que, hasta ese momento, nuestro sistema inmunitario desconocía al causante y no estaba en condiciones de iniciar un ataque específico. 

Aquí es donde reside el potencial antiviral de las vacunas. La vacunación, en esencia, lo que hace es dar a conocer el virus al sistema inmunitario. Esto se consigue inyectando un virus parecido pero que no produce la enfermedad propiamente dicha (es el caso de la vacuna de las vacas) o bien fragmentos del virus, virus muertos, virus atenuados o incluso material genético capaz de hacer que nuestras células produzcan material viral. 

En todos los casos se trata de que el sistema inmune identifique al virus y genere la respuesta inmune específica, humoral o celular, que en el futuro sea capaz de reaccionar ante una infección y evitar o atenuar la enfermedad. 

Se trata de utilizar, en lugar del antivirus del que, todavía, no disponemos, a nuestro propio sistema inmunitario.   

Como nota de actualidad alguien debería explicárselo bien al señor Trump y a los terraplanistas y antivacunas que le siguen. 

La última noticia es que, a estas fechas, comienzos de noviembre, tenemos más casos de infecciones por virus respiratorios (gripe, covid y virus sincitial) que en los dos últimos años. ¡Y la temporada acaba de empezar!

 


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